Miércoles, 05 Octubre 2016 00:00

Somos Iglesia

Escrito por  CODIPACS Izcalli
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En los días pasados fuimos testigos de la canonización de la Madre Teresa de Calcuta, una mujer del siglo pasado, conocida y amada por nosotros los hombres y mujeres de estos tiempos; conocida no sólo por su fisionomía frágil, pero también por su fuerte y enorme corazón que la llevó a grandes obras de humanidad y caridad en el mundo. Ella, como todos nosotros, es parte de la Iglesia, bautizada, hija de Dios, que se tomó en serio su condición de hermana de todos los hombres.

En esta mujer, hoy reconocida como santa, tenemos un ejemplo de ser Iglesia pero también un modo claro para hacer que el mundo cambie. Quizá ustedes se estarán diciendo que cambiar el mundo necesita de un corazón tan grande como el de santa Teresa de Calcuta, pero yo te digo que no; no se trata de comenzar haciendo muchas, grandes y buenas obras para cambiar el mundo y la realidad, cada vez más precarios en el amor y los valores; se trata de encontramos en el camino de todos los días con Cristo muerto y resucitado, porque el encuentro constante y perseverante con él, cambia el corazón, nos hace ver la realidad de otra manera, provoca en nosotros sentimientos de humanidad, de unidad, de generosidad y de caridad; esto fue lo que sucedió con la nueva santa, se encontró con Cristo, lo vio en sus hermanos, en los más débiles y frágiles, eso la llevó a tan grandes acciones.

Y es que, Cristo suscita en nosotros una manera nueva de ser Iglesia, de vivir la fe y de estar en el mundo. Quien no se encuentra con Cristo le es difícil amar, ayudar, ser generoso, portarse como hermano, en pocas palabras: le es difícil ser Iglesia.

La grandeza de santa Teresa de Calcuta, no es mérito propio, es mérito de Cristo que asiste a su Iglesia, que cambia los corazones, que alista las manos para el bien y la caridad, que suscita corazones llenos de bondad y auxilio para los demás.

Ser Iglesia, en este sentido, significa encontrarse constantemente con Cristo en sus sacramentos, en la oración, en la Escritura, y también significa vivir lo que en ello nos encontramos, de manera que vivamos como hermanos, porque sólo es en el encuentro con Cristo que aprendemos a ser hermanos, hijos del Padre que ama a todos.

Por eso creo que ella ha hecho más ahora que no está en este mundo que cuando estuvo en la tierra porque su ejemplo nos interpela pero también nos invita a vivir de otra manera.

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