Miércoles, 02 Septiembre 2015 00:00

Resumen de la Encíclica “Laudato Si', mi' Signore”

Escrito por  Provincia
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Hoy el Papa Francisco ha publicado su primera Encíclica «Laudato si', mi' Signore», “Alabado seas mi Señor”, tomando las palabras de San Francisco de Asís en su “Cántico de las creaturas”, que recuerdan que la tierra, nuestra casa común, «es también como una hermana con la que compartimos la existencia, y como una madre bella que nos recibe entre sus brazos » (1).

“Nosotros mismos «somos tierra   (cfr Gn 2,7) –afirma el Santo Padre-. Nuestro propio cuerpo está formado por elementos del planeta, su aire nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura» (2).

«Esta hermana (tierra) –comenta- protesta por el daño que le hacemos por el uso irresponsable y el abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella» (2). Su gemido, unido al de los pobres, llama nuestra conciencia «a reconocer los pecados contra la creación» (8); la contaminación y la destrucción de la diversidad biológica, que contribuyen al cambio climático (8).

Ante esto se requiere, lo que San Juan Pablo II llamaba «una conversión ecológica global» (5). Ejemplo de esto es San Francisco de Asís, quien enseña «hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior.» (10). La ecología integral consiste en saber articular las relaciones fundamentales de la persona: con Dios, consigo misma, con los demás seres humanos y con la creación.

Haciendo notar que el mundo entero está conectado, el Papa propone líneas de renovación de la política internacional, nacional y local, de los procesos de decisión en el ámbito público y de iniciativa privada, de la relación entre política y economía y entre religiones y ciencias, basadas en un diálogo transparente y honesto.

Con la convicción de que «todo cambio necesita motivaciones y un camino educativo», el Santo Padre propone «algunas líneas de maduración humana inspiradas en el tesoro de la experiencia espiritual cristiana».

La Encíclica Laudato Si' nos invita a preguntarnos: “¿Para qué pasamos por este mundo? ¿Para qué vinimos a esta vida? ¿Para qué trabajamos y luchamos? ¿Para qué nos necesita esta tierra? ¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sigan, a los niños que están creciendo? “Si no nos planteamos estas preguntas de fondo –dice el Pontífice– no creo que nuestras preocupaciones ecológicas obtengan efectos importantes” (160).

“Alabado seas mi Señor”, que en el primer Capítulo, LO QUE LE ESTÁ PASANDO A NUESTRA CASA (17-61), presenta los más recientes descubrimientos científicos en materia ambiental para escuchar el grito de la creación y así reconocer cuál es la contribución que cada uno puede aportar” (19). Afronta los problemas de la contaminación, el cambio climático, el agua, la pobreza y la cultura del descarte que deteriora la calidad de la vida humana.

El segundo Capítulo EL EVAN-GELIO DE LA CREACIÓN (62) nos deja ver cómo la Biblia nos habla de la gran responsabilidad del ser humano respecto a la creación y el lazo íntimo que existe entre todas las creaturas, y cómo Jesús, que «vivía en armonía plena con la creación» (98), invita «a reconocer la relación paterna que Dios tiene con todas las criaturas» (96).

El Cap. III. LA RAÍZ HUMANA DE LA CRISIS ECOLÓGICA (101) presenta un análisis de la situación actual «de manera que no miremos sólo los síntomas sino también las causas más profundas”.

El cap. IV. UNA ECOLOGÍA INTEGRAL (137) es el núcleo de la propuesta de la Encíclica: una ecología integral como modelo de justicia, poniendo al ser humano en el lugar que le corresponde, conscientes de que no podemos «entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida» (139). Esto vale para la economía, la política, las distintas culturas y nuestra vida cotidiana, lo que implica tener presente que un desarrollo auténtico presupone un mejoramiento integral de la calidad de la vida: espacios públicos, vivienda, transporte, etc. (150-154), considerando también a las generaciones futuras.

El Cap. V. ALGUNAS LÍNEAS DE ORIENTACIÓN Y DE ACCIÓN (163) afronta la pregunta sobre qué podemos y debemos hacer para “salir de la espiral de autodestrucción en la que nos estamos sumergiendo» (163).

El Papa propone para ello un diálogo honesto y transparente sobre el ambiente en la política internacional; un diálogo hacia nuevas políticas nacionales y locales a fin de que la política y la economía salgan de la lógica eficientista e inmediatista, centrada sobre el lucro y el éxito electoral a corto plazo; y un diálogo de las religiones con las ciencias.

El Cap. VI. EDUCACIÓN Y ESPI-RITUALIDAD ECOLÓGICA (202) va al centro de la conversión ecológica a la que invita la Encíclica. «Todo cambio necesita motivaciones y un camino educativo» (15); esto atañe a todos los ambientes educativos: la familia, la escuela, los medios de comunicación, la catequesis (213), a fin de formar para la alianza entre humanidad y ambiente (209-215).

«Cuando somos capaces de superar el individualismo –señala el Papa-, realmente se puede desarrollar un estilo de vida alternativo y se vuelve posible un cambio importante en la sociedad» (208).

El Papa destaca que los Sacramentos muestran cómo la naturaleza ha sido asumida por Dios. En particular lo contemplamos en la Eucaristía, que une el cielo y la tierra, abraza y lo llena todo, y que es también fuente de luz que nos orienta a ser custodios de todo lo creado (236).

El Santo Padre afirma que creer en un solo Dios que es comunión trinitaria nos lleva a pensar estamos llamados a asumir el dinamismo trinitario, viviendo «en comunión con Dios, con los otros y con todas las criaturas» (240).

El Papa recuerda que María, Reina de todo lo creado, y san José nos enseñan a proteger este mundo que Dios nos ha entregado, hasta llegar a la vida eterna, donde cada criatura, luminosamente transformada, ocupará su lugar y tendrá algo para aportar a los pobres definitivamente liberados (243).

Visto 9382 veces Modificado por última vez en Jueves, 03 Septiembre 2015 00:06

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