Jueves, 08 Junio 2017 00:00

Los jóvenes y la protesta social a la luz de nuestro Señor Jesucristo

Escrito por  Seminarista Jorge Sánchez Flores
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Tal vez, antes de la llegada del internet y los teléfonos “inteligentes” dábamos por hecho que ser joven era sinónimo de dinamismo, promotor de cambio, trabajo y esfuerzo. Ser joven implica[ba] ser activo, participativo y tener vida deportiva, académica, artística y laboral; de manera que joven era identificado con una sola palabra: movimiento.

Incluso, nuestra historia, refleja a los jóvenes como el sector de la población –por decir algo- entre los quince y “veintitantos” años de edad, como encargados de generar ideas, acelerar los cambios y en franca oposición a las estructuras sociales e instituciones políticas cuando sus costumbres o resoluciones oficiales les parecen injustas.

Máxime, los acontecimientos recientes en nuestro país, muchas veces muestran a los jóvenes encabezando marchas y manifestaciones, en general, liderando movimientos organizados que buscan encauzar la inconformidad, representar a quienes disienten con el estado de las cosas y, mejor aún, plantear opciones y propuestas concretas para salir adelante, abrazando genuinamente una causa y una legítima protesta social.

Hoy, algunos medios masivos de comunicación nos muestran un panorama que no luce prometedor y, sin duda alguna, ante el flujo indiscriminado y amplio que se genera se demanda a los jóvenes una postura y, especialmente, una respuesta, considerando que idealmente tienen mucho por vivir y la invaluable oportunidad de tomar en sus manos, el día de mañana, el destino de su vida, el país y los hechos.

A lo expuesto, especialmente se confrontan dos supuestos:

Cuál es el concepto de protesta que tenemos como sociedad y que tienen los jóvenes, así como, el panorama o cauces actuales de la protesta social.

Al respecto, desde una concepción muy básica, la protesta social es el acto de expresar públicamente con vehemencia una queja o inconformidad general de la población o de un importante sector de ella, y por supuesto que el hombre por naturaleza tiene derecho a disentir, a estar inconforme con la realidad circundante y expresarlo públicamente.

Sin embargo, se abre una interrogante cuando tratamos de analizar cómo encauzamos y cuál es el panorama para hacer patente el descontento generalizado de la población.

Así, en la era digital y de gran flujo de información al que se enfrentan los jóvenes, la experiencia nos muestra que se polariza entre la lid en las redes sociales y los que recurren a los medios tradicionales de salir a las calles.

Además surgen dos nuevas preguntas: ¿cuál es el sentido u orden que debe tomar la protesta o inconformidad social? Y, concretamente, ¿qué actitud o respuesta deben tener los jóvenes ante la realidad?

Una minuciosa búsqueda nos muestra que, salvo la historia, no hay manuales serios que nos indiquen cómo hacer o cómo es una protesta social, ni siquiera instructivos que funjan como norte para que los jóvenes asuman una postura o expresen su inconformidad ante la realidad.

En este punto, si bien la historia es consejera, no constituye un parámetro serio de valores ni simiente de una conciencia especialmente desde la dimensión espiritual para los jóvenes, por lo que como joven cristiano, pienso que es momento de volver los ojos a Jesús y al Evangelio.

En efecto, nuestro Señor Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre, también creció y maduró, fue joven y asumió en su vida terrenal una actitud ante la sociedad y los sucesos de su tiempo.

Al respecto, sólo la lectura seria y reflexiva de la Palabra nos ilumina sobre cuál fue la actitud de nuestro Señor Jesús ante la realidad y la sociedad que le rodeó, pudiendo llevar válidamente a nuestra vida y nuestros actos, especialmente como jóvenes, su ejemplo.

Pienso particularmente en el Evangelio de san Marcos (3, 1-17), que nos muestran a Jesús que disiente con la aplicación estricta de la ley, pero también nos revela a un Jesús que anuncia y llama a seguirla, que se organiza y sobre todo transmite el mensaje de paz y fraternidad.

La piedra de toque la constituye la frase “subió a la montaña”, que mas que un Jesús vuelto hacia la violencia y la acción directa, muestra un Jesús reflexivo, que busca otra óptica de las cosas –como sólo pueden ser vistas desde la altura-, va al interior y que antes que influir en las estructuras sociales, busca en su corazón las respuestas a las interrogantes que le planteó su realidad.

Jesús desde su persona influyó en las personas más cercanas a él generando en ellas una verdadera conversión y a partir de ellas extendiendo hasta los confines su mensaje.

Por lo tanto, ante una realidad que plantea diversos retos y que puede confrontar al grado de causar descontento en los jóvenes, más que nunca están llamados a mirar a Jesucristo, reflexionar y apropiarse de la Palabra; a entender que, como nuestro Señor Jesucristo debe irse al interior y buscar otra visión de la realidad, para que a través del Evangelio y sus enseñanzas, se transforme en el ambiente donde se desenvuelve: la comunidad,la escuela, grupo, amigos y familia, –en su microcosmos- privilegiando como medios el diálogo directo y abierto, el amor y el anuncio fraterno de sus propuestas e inconformidades ante una realidad poco esperanzadora, antes que la violencia y las cadenas en sus redes sociales.

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