Jueves, 16 Junio 2016 00:00

Educando a los jóvenes

Escrito por  CODIPACS Izcalli
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¡Hola, amigos del Mensajero!, recordarán que en los números anteriores, en esta sección hablamos de las diversas problemáticas que envuelven a los jóvenes; esta vez, queriendo retomar el tema, dirigimos nuestra mirada hacia los padres de los jóvenes, porque son ellos, de alguna manera, responsables de que los jóvenes de hoy sean como son, en sentido positivo como en sentido negativo.

Hace algunos meses, preparando una plática para papás y padrinos de primera comunión donde el tema eran los jóvenes, me encontré con un artículo que hablando de los jóvenes y su comportamiento, hablaba también y particularmente de sus padres y las características de éstos.

Dicho artículo comenzaba describiendo a los padres de los que hoy tenemos poco más de treinta años, y decía que nuestros padres vivieron, en su mayoría, una infancia difícil, poco cómoda en sentido económico y material, una educación tradicional, incluso de esfuerzos y sacrificios, y esa manera de vivir su infancia y juventud, hizo que a nosotros, sus hijos, nos educaran con cierta exigencia, si no como la que les tocó recibir de sus padres, al menos con una esmerada atención por hacer de nosotros hombres de bien, personas responsables, y muchas veces, permitiendo y provocando que aprendiéramos a trabajar y a darnos cuenta lo mucho que cuesta la vida; de hecho fuimos educados como una generación del "no": "no subas los pies", "no tienes permiso", "no me hagas berrinches". Después, el artículo, comenzó a describir a los padres actuales, es decir a nosotros, los que fuimos educados por los padres que sufrieron, y el artículo nos describía como los padres que no queremos que nuestros hijos sufran lo que nosotros sufrimos como hijos de nuestros padres, de esa manera somos capaces de consentir y permitir, no castigar y ofrecer todo a los hijos, no somos capaces de decir no o de hacer que el hijo sufra o se esfuerce para conseguir algo, somos de los padres que preferimos comprar lo que sea a los hijos con tal de que no hagan berrinche, somos de los padres que permitimos que los hijos usen en nosotros el "no": "no quiero sopa", y dejamos que no la tome, "no quiero ir a la escuela" y permitimos que falte, "no quiero ir con los abuelos" y les hacemos caso; al fin estamos acostumbrados a que nos digan "no".

Una formación así, le regala al mundo y a la sociedad, jóvenes que hoy no están dispuestos a comprometerse con su propia vida, con su historia, con el mundo, con la sociedad, y con las exigencias de sus propias elecciones; por qué, simplemente porque están esperando a que los padres que tienen, es decir, nosotros, les solucionemos la vida, les demos la respuesta. Y todavía nos preguntamos "¿qué hicimos mal si todo se los dimos?" Precisamente, eso fue lo que hicimos, darlo todo, sin enseñarles que en la vida también existe el esfuerzo, el trabajo, la privación, el sacrificio, la entrega, el sufrimiento. Por eso señor, señora: permita que su hijo, hija, lloré un rato, haga berrinche, se enoje y le deje de hablar un rato; mañana, su futura nuera, o su futuro yerno, sus nietos, el mundo y la sociedad se lo agradecerán.

Visto 376 veces Modificado por última vez en Jueves, 16 Junio 2016 23:11

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