Jueves, 28 Abril 2016 00:00

Hoy aprendí algo de los jóvenes

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Hace algunos días celebrando la misa, me llamó la atención que de entre las personas que participaban de la Celebración Eucarística, un joven que acompañaba a sus padres, usaba sus audífonos, y no eran sólo sus audífonos los que me decían que no tenía interés en la misa, además sus actitudes y su cara me decían que estaba ahí "a regañadientes". Pocos días después, me pidieron en mi diócesis, que escribiera algo sobre los jóvenes; en seguida vino a mi mente el joven del que ahora les hablo y pensé que en esta sección podríamos tocar éste y otros temas que aquejan a los jóvenes de nuestro tiempo.

Y creo que es honesto comenzar diciendo que los jóvenes son el motor de nuestros tiempos, sí porque ellos van marcando el camino de la sociedad y de las instituciones, de las tecnologías y de las modas; y para quien creía que los jóvenes sólo son seguidores y repetidores de acciones y patrones trazados por los adultos, en realidad, ellos marcan el rumbo que hemos de seguir; somos los adultos los que controlamos el mundo tratando de dar respuesta, con nuestra experiencia, a los temas y problemáticas que ellos ponen sobre la mesa de la modernidad.

Pienso ahora en este joven de los audífonos en la misa, y trató de responder al por qué ha ido y estado en la celebración de la misa con esta actitud que para nosotros los mayores pareciera una falta de respeto; ¿no será que la premisa que tiene en la cabeza es que participar en la misa es algo aburrido con lenguaje arcaico y sermones moralizantes? Y de la misma manera pienso que en el mundo de los jóvenes, algo semejante sucede en las aulas de clase, en la casa entre la familia o en algún otro espacio dedicado a ellos pero con tendencias a estar anclado en lo obsoleto.

Si lo pensamos bien, aquel joven, está ayudándonos a proyectar una nueva manera de vivir y ser en la Iglesia, de celebrar y hacer cercano a Dios; y no es que tengamos que modificar algo en la celebración o en las clases, pero sí estamos llamados a repensar nuestro lenguaje, a darle sentido a lo que hacemos y sigue siendo hoy por hoy, tan importante para el hombre como encontrarse con Dios, o formarse en los estudios. En este sentido, la Iglesia no acabará con las misas, no se terminarán las clases ni la escuela, simplemente porque a los jóvenes les aburra, pero esta realidad se convierte en una oportunidad de repensar las maneras y las formas de dar y transmitir lo que a su tiempo también a nosotros se nos confió.

Y por otro lado, también es cierto que a los jóvenes les hace falta una pequeña dosis de paciencia y aceptación sobre todo en aquellas cosas que hoy no les gustan pero que son necesarias, y ahí entra la interacción entre los jóvenes y los adultos, pero eso será tema para otro artículo.

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