Miércoles, 25 Noviembre 2015 00:00

¿Qué voy a hacer? ¿Qué futuro me espera?

Escrito por  CODIPACS. Teotihuacan
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El hecho de que cuatro de cada diez jóvenes carezcan de empleo constituye una catástrofe social y económica. La crisis financiera mundial ha empeorado la situación de crisis -antes de la crisis- que ya existía. En todo el mundo, los jóvenes de ambos sexos tropiezan con dificultades reales y crecientes para encontrar un trabajo decente. En los últimos 20 años, el número de jóvenes desempleados ha triplicado, en promedio, el de los adultos en esa situación y, en la actualidad, hay regiones en que llega a ser cinco veces mayor que la tasa de desempleo de los adultos.

El mundo ha presenciado por todas partes un aumento repentino de movimientos significativos de protesta política y social encabezados por jóvenes, que claman por “trabajo, libertad y justicia social”. El espíritu de las protestas de los jóvenes ha tenido un auge en los últimos años en varios de los países industrializados que más han padecido los efectos de la crisis económica.

Una exigencia fundamental de los movimientos es que haya formas de democracia más participativas, lo que denota el sentimiento de marginación y de exclusión económica y social de la generación más joven.

Queda claro que las frustraciones de los jóvenes por la falta de oportunidades de empleo y su profunda ansiedad ante las perspectivas de su vida futura ocupan un lugar destacado entre los factores que estimulan el surgimiento de las protestas juveniles en todo el mundo, como se expresa y difunde ampliamente en Internet y en los medios sociales. Las preocupaciones de los jóvenes son inequívocas: ¿Qué voy a hacer? ¿Qué futuro me espera?

Independientemente de las estadísticas sobre el mercado de trabajo, la situación es tan grave que amenaza un cimiento importante del modelo económico y social actual. La confianza en que es posible lograr un progreso económico y social constante sigue siendo el sustento de las políticas económicas y sociales vigentes en el mundo.

Casi todos los países aspiran a alcanzar altas tasas de crecimiento económico y mejores niveles de vida para todos. Dentro de este paradigma, cada generación ha estado dispuesta a ahorrar, invertir y hacer sacrificios para que la siguiente generación tenga un nivel de vida más alto y mejores perspectivas económicas. En cierto sentido, esto no es más que una ampliación, a escala nacional, de la aspiración natural de la mayoría de los padres, es decir, que sus hijos disfruten de un mejor futuro.

De este modo, la actual crisis del empleo de los jóvenes en todo el mundo le resta credibilidad a la norma de que cada generación sucesiva verá mejorar sus perspectivas económicas y de empleo. Es también una amenaza para el principio de la igualdad de oportunidades entre las generaciones. Además, una disminución de las perspectivas económicas y de empleo podría presagiar el inicio de un estancamiento económico o incluso de una retrogresión.

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