Lunes, 12 Septiembre 2016 00:00

El laico en la Iglesia

Escrito por  CODIPACS Izcalli
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Hace algún tiempo, leía un breve artículo que llamó mi atención acerca de la vida de los laicos en la Iglesia, en él se decía que la Iglesia católica sería la más pequeña manifestación de fe en el mundo sin sus laicos; el artículo pretendía poner al centro de la eclesialidad católica el papel del laico, como queriendo hacer resurgir al laicado y animándolo a ser consciente de su tarea tan importante para la fe en el mundo.

Este artículo me hizo pensar en los orígenes de la Iglesia, cuando en la primera comunidad cristiana, los apóstoles se vieron ayudados por muchos laicos y especialmente mujeres de buena voluntad que con generosidad daban lo que tenían; así lo atestiguan los Hechos de los apóstoles y muchas de las cartas de san Pablo en el Nuevo Testamento. Por aquel entonces, no sólo los bienes económicos, además la fuerza de la evangelización dependía de los laicos, y de hecho, el término clero o clérigo, no existía. Fue hasta los inicios del siglo IV, cuando el catolicismo se convirtió en la religión oficial del imperio que se comenzó a dar mayor auge a los sacerdotes y a las nuevas formas de vida consagrada. Desde entonces, y hasta el Concilio Vaticano II en el siglo pasado, el laico ha ido recuperando su papel en la vida de la Iglesia. Los documentos y las reflexiones de los Papas y de los teólogos desde el Concilio Vaticano II, han buscado devolver al laico su sentido de pertenencia a la Iglesia y su tarea urgente de evangelizar en los pequeños rincones del mundo donde desarrolla su misión.

Gracias a Dios, aun cuando parecen que son pocos, muchos de ellos están fielmente comprometidos con su fe, y en ellos se cumple aquel mandato misionero de Jesús a su Iglesia: “Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura” (Mt 28, 16-20). Sí, porque es gracias a su testimonio que se puede llegar a todo el mundo. Sin embargo, y aún con esto que decimos, hace falta que cada día sean más, los laicos que se comprometan a vivir su fe, que llevan a Cristo a sus trabajo y a sus hogares, a sus lugares de escuela y entre los amigos, y para ello no hace falta que lleven su Biblia bajo el brazo, se necesita que lleven a Cristo en su corazón, que encarnen la Palabra de Dios en su vida, que den ejemplo de buenos seres humanos, de buenos ciudadanos, de buenos trabajadores, de buenos estudiantes, de buenos cristianos.

La Iglesia la formamos todos y cumplimos con su tarea de evangelizar con nuestra vida. Pidamos a Dios que en el mundo existan más laicos que vayan a trabajar a la viña del Señor.


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