Miércoles, 08 Junio 2016 00:00

La indulgencia plenaria

Escrito por  Pbro. Sergio Delgado Palos - Diócesis de Cuautitlan
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En el contexto del Jubileo extraordinario de la Misericordia, convocado por el Papa Francisco, la Iglesia anima a los fieles para que conscientes de la gran riqueza de gracia y misericordia que Dios les ha confiado, se dispongan convenientemente para recibirla a través de la Indulgencia Plenaria.

A pesar de que en repetidas veces la Iglesia ha anunciado esta gracia que se concede en ocasiones especiales, hay, todavía hoy, un gran desconocimiento por parte de los católicos sobre qué son las indulgencias. Por consiguiente, no se valora suficientemente este gran tesoro y las personas no aprovechan la inmensa y sobreabundante gracia que la Misericordia de Dios ofrece continuamente a todos sus hijos para purificarse de sus faltas.

Por ello, queremos explicar brevemente el significado y sentido de las de las indulgencias, así como un esbozo histórico de su surgimiento.

El fundamento de esta concepción católica de las indulgencias es la doctrina de la “pena del pecado” o, mejor dicho, de las “dolorosas consecuencias del pecado”. Esta praxis penitencial tiene su origen en la primitiva Iglesia, en la cual, se expresaba la convicción de que, cuando se borra una culpa ante Dios, no por eso desaparecen ya también completamente sus repercusiones. Estas secuelas deben eliminarse poco a poco, mediante obras penitenciales, tarea en la que la Iglesia adopta una actitud solidaria con el penitente en virtud de sus oraciones de súplica.

Las indulgencias aparecen por primera vez en Francia en el siglo XI, concedidas por los obispos y los confesores. A finales del siglo XI y durante el siglo XII, los Papas hicieron suya esta nueva costumbre. Concedieron indulgencias a los que partían para las cruzadas o quienes las apoyaban con su dinero.

El derecho canónico define a la Indulgencia como “la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos” C. 992.

Es aconsejable que los cristianos renueven cada mañana la intención de querer ganar (lucrar) durante el día todas las indulgencias que se les ofrecen y conceden en su Iglesia, y aplicarlas a los difuntos a modo de oración por ellos.

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