Viernes, 29 Abril 2016 00:00

La espiritualidad del Laico

Escrito por  CODIPACS Ecatepec
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La actuación eficaz de los laicos exige una profunda y seria preparación en orden a favorecer la maduración apostólica, el ejercicio de la libertad cristiana y el florecimiento de los carismas. El laico necesita, igualmente, de vida interior y espíritu de responsabilidad.

Entendamos por “espiritualidad”; la “vida según el Espíritu”. Toda espiritualidad cristiana se desarrolla en el interior de una Iglesia en comunión. Es fruto del mismo Espíritu que no sólo renueva los corazones –los hace cada vez más discípulos, testigos y profetas- sino que los funde en una riquísima y variada comunión misionera, una espiritualidad basada en la oración personal y comunitaria, en la lectura de la Biblia y en la vida sacramental, capaz de sostener a los laicos en su acción en el mundo; una espiritualidad que abarque a la familia, la educación, el trabajo, la ciencia, la cultura, la política y los compromisos sociales y civiles . Ahí es donde hace falta la presencia de los laicos para testimoniar el Evangelio y transformar la sociedad.

La espiritualidad de los laicos es, ante todo, caminar por las calles de la vida junto a Cristo, con la fuerza del Espíritu Santo, al encuentro del Padre, construyendo su reino. Los laicos de hoy han de ser como aquellos de Emaús: personas en camino, desalentadas, sí, pero que han encontrado a un desconocido que les acompaña y hace arder su corazón mientras les habla de las Escrituras.

El laico es el cristiano llamado a ser santo y apóstol en las estructuras humanas a modo de fermento, es decir, “en el corazón del mundo” (EN 70). “A los laicos corresponde, por propia vocación, tratar de obtener el Reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios... Viven en el mundo... Allí están llamados por Dios, para que, desempeñando su propia profesión, guiados por el espíritu evangélico, contribuyen a la santificación del mundo desde dentro, a modo de fermento” (LG 31).

Con estos matices de espiritualidad y de apostolado el laico camina por el sendero de la fe, la esperanza y la caridad, para ser transparencia del Evangelio en medio del mundo. Son tres sus características básicas: Secularidad: El laico debe insertarse en el mundo, es decir, en los asuntos temporales. Fermento evangélico: De ellos se espera que impregnen de Evangelio el mundo, actuando desde dentro de las mismas realidades temporales. Ser miembro peculiar del Pueblo de Dios: siempre en la “comunión y misión” de la Iglesia, participando responsablemente de su misma naturaleza en todos sus niveles proféticos, sacerdotales y reales.

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