Miércoles, 30 Septiembre 2015 00:00

Jornada de ayuno y oración por la Paz

Escrito por  José Luis Ramírez - Diócesis de Nezahualcóyotl
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A pesar de los tiempos de llamada Guerra Fría entre la vieja Unión Soviética y el bloque dirigido por Estados Unidos están lejos, los tambores de la confrontación bélica no han cesado, y una muestra de ello es lo que pasa en el mundo árabe, judío, musulmán, entre otros. Ante esto, el Papa Francisco ha pedido a los fieles católicos emprender una jornada de “ayuno y oración” para pedir el don de la paz.

La Diócesis de Nezahualcóyotl, bajo el emblema “Cristo, Esperanza de las Culturas para ser nuevas creaturas” ha emprendido una Hora Santa por “la Paz en Siria, Medio Oriente y el Mundo Entero”, “En unión con el Santo Padre, acudimos ante la Presencia de Jesús Sacramentado para implorar la paz”, según se convocó en la Parroquia de la Divina Providencia.

Para pedir que la luz de la sabiduría divina, que de Él procede como de su fuente, esfume las tinieblas de las mentes y corazones de los poderosos del mundo, que ven en la guerra y en la muerte de inocentes el único camino para solucionar las diferencias entre los pueblos.

Rogamos también la intercesión de María Santísima, Reina de la paz, para que cambie los intentos homicidas de los hombres de guerra por los deseos de paz y bien de los hijos de Dios. “Que San Miguel Arcángel, Jefe de la milicia celestial, nos asista en la oración, junto a nuestros santos ángeles custodios, para que la paz que brota de Jesús Eucaristía se esparza por todos los confines de la tierra, sobre todo en aquellos lugares más amenazados por la guerra”.

Por ello, cabe recordar que nuestro Señor Jesucristo lo dijo a través de su Evangelio “que no se puede servir a Dios y al dinero”; sin embargo, vemos como cada día nuestro mundo, “sirve al dinero y no a Ti, nuestro Dios, y para servir al dinero no duda en aniquilar, aplastar, destruir, con la fuerza de las armas, la vida humana creada por Ti”.

Por eso la oración: Jesús, Rey pacífico, haz que tu Madre, María Santísima, conceda a los hombres enceguecidos por el culto al dinero y a las armas, la gracia de la conversión del corazón, para que abandonando el culto idolátrico al dios de la guerra y al dios dinero, se postren en adoración a Ti, Único Dios verdadero, para que así, adorándote en el tiempo a Ti, Dios oculto en la Eucaristía, te adoren por la eternidad, cara a cara, en la Casa del Padre.

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