Domingo, 17 Mayo 2015 00:00

En el corazón del mundo

Escrito por  Pbro. Martín González Soria, Vicario Episcopal de Pastoral en Cuautitlán
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Fue un gran mérito del Concilio Vaticano II reconocer el papel insustituible del laico como sujeto activo en la Evangelización que realiza la Iglesia en el mundo. A partir de esta apertura no podemos dejar de mencionar que cada día los laicos van adquiriendo consciencia de su vocación y compromiso en dos vertientes que se complementan íntimamente; una hacia adentro y otra hacia afuera de la Iglesia. Hacia adentro con el floreciente crecimiento de servicios y ministerios que el Espíritu Santo va suscitando en el seno de cada comunidad y que enriquecen la comunión y participación, y hacia afuera con la consciencia cada vez más madura de ser misioneros en el corazón del mundo. El Concilio afirma que: “los laicos tienen como vocación propia el buscar el Reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y orientándolas según Dios”. 

 

De esta forma los laicos, en virtud de la nueva vida que han recibido en el bautismo, y por la vivencia de la reiniciación cristiana que consiste en volver a empezar a creer en Dios con bases firmes y vitales, están llamados a hacer presente el Reino de Dios en los ambientes donde se mueven y realizan su vida ordinaria, compartiendo la buena Noticia de persona a persona; y al mismo tiempo a crecer en la comunión como Iglesia de Cristo.

Si bien ha crecido la consciencia de la vocación de los laicos como sujetos activos en la comunión y misión de la Iglesia, hemos de reconocer que todavía hay muchos que no han hecho consciente su vocación y misión, mientras cada día se abren ante nosotros variados y nuevos  desafíos que nos provocan y esperan una respuesta que hemos de dar partiendo desde Cristo, con bases sólidas y vitales. Si lo hacemos así entonces los laicos constituirán una fuerza extraordinaria y cada vez más viva, serán hombres y mujeres de Iglesia en el corazón del mundo, y hombres y mujeres que lleven el clamor del mundo, con sus dramas, sus contradicciones, sus retos y malestares al corazón de la Iglesia; para que ahí sea Cristo quien derrame sobre todos el aceite de su misericordia y el vino de su alegría.

Visto 1027 veces Modificado por última vez en Martes, 09 Junio 2015 10:08

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