Martes, 23 Enero 2018 00:00

Los laicos somos más y tenemos una gran vocación

Escrito por  CODIPACS Valle de Chalco
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Los laicos son todas las personas bautizadas que pertenecen a la Iglesia católica, pero que no son obispos, sacerdotes, o integrantes a una comunidad religiosa.

El concepto adquirió mayor importancia para la Iglesia Católica a partir del Concilio Vaticano II realizado en 1959, cuando se reconoció la vocación religiosa del laico a través de la santificación de sus obligaciones como cristiano.

Como consecuencia del bautismo los fíeles son injertados en Cristo y son llamados a vivir el triple oficio: sacerdotal, profético y real.

Los diversos ministerios, oficios y funciones que los fieles laicos pueden desempeñar legítimamente en la liturgia, en la transmisión de la fe y en las estructuras pastorales de la Iglesia, deberán ser ejercitados en conformidad con su específica vocación laical. Cuantos más laicos haya compenetrados con el espíritu evangélico, responsables de estas realidades y explícitamente comprometidos en ellas, competentes en su promoción y conscientes de tener que desarrollar toda su capacidad cristiana juntos lograran mejores cambios en nuestro entorno.

Los laicos no debemos cerrarnos a solo recibir sacramentos e ir a misa y creer que con eso es suficiente, tenemos que ejercer la evangelización y desarrollar tareas cotidianas de acuerdo a los preceptos de Jesucristo.

Debemos participar activamente en la vida de la Iglesia y no dejar que todos problemas o inconformidades las resuelvan los sacerdotes, los laicos debemos encontrar la manera más atractiva de trasmitir la buena nueva, los laicos son los encargados de que el Reino de Dios se haga una realidad en los diversos campos que forman su vida.

Por tanto deben tener conciencia, cada vez más clara, no sólo de pertenecer a la Iglesia, sino de ser la Iglesia; es decir, la comunidad de los fieles sobre la tierra bajo la guía del jefe común, el Papa, y de los obispos en comunión con él.

No seamos un laico más del montón, seamos promotores de los valores cristianos en nuestra familia, la profesión y el trabajo que desempeñamos, actividades sociales, deportivas y de descanso, todo, absolutamente todo lo que conforma nuestra vida, todo debemos llenémoslos por el espíritu del evangelio. Podemos pertenecer o no algún grupo parroquial pero si es nuestra vocación en todo momento debemos dar testimonio para llegar a donde los sacerdotes y obispo no puedan llegar.

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