Miércoles, 25 Octubre 2017 00:00

Preparación y acompañamiento matrimonial

Escrito por  CODIPACS Izcalli
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Alguna vez escuché una cierta queja de parte de algunos matrimonios que me hacían notar que en la Iglesia, la formación para la ordenación sacerdotal requería de al menos siete u ocho años, en otros casos hasta diez u once, pues se piensa que la misión que un sacerdote tendrá en el mundo requiere de esa formación y preparación, mientras que a los que se preparan para el matrimonio sólo se les ofrece, en el mejor de los casos, un retiro, una mañana de pláticas y un tema exprés que los haga consientes de que el matrimonio es una responsabilidad que se debe cuidar y atender siempre.

Y pienso que tienen mucha razón, sobre todo, si proclamamos que la familia es la base de la sociedad y que en ella se cultivan a los más grandes santos de este tiempo. Y es que, el matrimonio no es menor que el sacerdocio, de hecho, ambos sacramentos pertenecen al mismo grupo de sacramentos: los sacramentos de servicio, porque ambos están llamados a servir para dar vida, para hacer crecer a seres humanos, para hacerlos felices y proyectarlos a la santidad.

¿Qué se necesita para que esto sea posible? Creo que además de otras cosas, es necesaria la disposición, la disposición para formar agentes de pastoral que con alegría, con verdad, con claridad, con misericordia, con tiempo y con respeto hablen a los novios sobre el matrimonio, pero también, disposición de los novios para enterarse, formarse y prepararse para la vida que comenzaran a vivir, creo que de ambas partes, tanto de la Iglesia-institución, como de parte de los contrayentes, nos quedamos en lo inmediato, creando así una laguna de formación e información para los que formarán a los nuevos cristianos, y es que, el matrimonio no es un evento social, tampoco una ceremonia litúrgico-religiosa, el matrimonio es una vocación que requiere respuesta generosa, libre, atenta, formada e informada, de parte de los contrayentes, pero también de parte de la Iglesia que los acoge como sus hijos. De manera que la Iglesia debe buscar estos medios de formación y preparación para sus hijos, y los novios deben buscar en ella la ayuda adecuada, no sólo antes de la boda, también durante los días inmediatos a la realización de ésta, y también y con mayor compromiso, después de la boda. Y de la misma manera que el sacerdote está llamado a tener una formación permanente en su estado de vida, también, los que están casados están llamados a tener una formación permanente, un espiritualidad propia de su vocación y un acompañamiento serio de su vida de casados.

En este sentido, a ambas partes nos es necesario crecer, trabajar y esforzarnos con disposición para que exista lo que hoy no tenemos, o tenemos muy limitado.

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