Lunes, 05 Junio 2017 00:00

Bienes Culturales de la Iglesia

Escrito por  Consejo Pontificio de la Cultura
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El término “bien cultural” entró en el lenguaje eclesiástico con el vigente Código de Derecho Canónico (CIC/1983 can. 1283 §2). Sin embargo, la Iglesia católica desde antes, mediante la legislación del Estado Pontificio y luego con la legislación canónica universal, ha contribuido notablemente a la puntualización del concepto de “patrimonio cultural” que se ha venido formando en el curso del siglo XIX.

La atención de la Iglesia hacia tal realidad es tan alta que san Juan Pablo II instituyó en 1988 una Comisión con la tarea de presidir la tutela del patrimonio histórico y artístico de toda la Iglesia, y que en 1993 fue denominada Comisión Pontificia para los Bienes Culturales de la Iglesia. El Papa Benedicto XVI unió esta Comisión al Consejo Pontificio de la Cultura en 2012.

Son contados entre los bienes culturales las obras de arte, especialmente del pasado (aunque también obras contemporáneas en las cuales sea reconocido un valor histórico), las cuales deben ser custodiadas y conservadas con la máxima diligencia. Al patrimonio artístico se agrega el acervo de archivos e instrumentos conservados en las bibliotecas, constituido por documentos que atestiguan la vida y la acción pastoral.

El patrimonio de la Iglesia es testimonio de la vida de fe de la comunidad cristiana y, por ende, cultural. Según la definición del san Juan Pablo II, son bienes “puestos al servicio de la misión de la Iglesia”, expresión de la vida litúrgica, de la piedad y de la caridad.

El Consejo Pontificio de la Cultura –a través del Departamento para los Bienes Culturales– es quien colabora con los organismos episcopales apropiados, para la recolección y la custodia de todo el patrimonio artístico e histórico, interviniendo, si es necesario, para la constitución de museos, bibliotecas y archivos eclesiásticos.

Asimismo, al Consejo le es confiada la tarea, eminentemente cultural, de hacer que el pueblo de Dios, a partir de sus pastores, sea educado en apreciar la importancia de tal patrimonio histórico y artístico y a darse cuenta de la necesidad de conservarlo y valorarlo. Tal empresa corresponde al Consejo de Cultura consultando a las Congregaciones para el Culto divino y la disciplina de los Sacramentos (a quien competen las cuestiones inherentes a la música, el arte y la arquitectura sacra), con la Congregación para el Clero y con la Congregación para la Educación Católica (a quienes compete la formación académica de presbíteros y laicos).

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