Miércoles, 05 Octubre 2016 00:00

Conjunto conventual franciscano del siglo XVI

Escrito por  Atzin Basurto - Diócesis Valle de Chalco
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En la zona oriente de la Diócesis de Valle de Chalco, recientemente se formó una nueva ruta turística llamada “Ruta Volcanes” donde se exploran los diversos municipios cercanos al Popocatépetl y al Iztaccíhuatl, se resaltan los lugares donde vivió su infancia Sor Juana Inés de la Cruz. En esta ocasión hablaré de Tlalmanalco, un municipio que se encuentra a las faldas de la “Mujer Dormida” y que tiene un valor histórico invaluable.

Podría pasar horas hablando de Tlalmanalco, de su fuente, del portal cuyos arcos son los más antiguos del Estado de México, del Ex-Hospital Betlemita, de la religiosidad del Cristo de Tlalmimilolpan, de San Rafael y la fábrica de papel, de la hacienda de Zavaleta y los tratados que firmó ahí Antonio López de Santa Ana, el vestigio prehispánico cerca de la cabecera no explorado, y la historia sigue; sin embargo, me centraré en la parroquia de San Luis, Obispo de Tolosa.

Tlalmanalco se asocia siempre al recuerdo de Fray Martin de Valencia, dirigente de los primeros doce evangelizadores que llegaron América, los pobladores del lugar afirman que este municipio es el lugar de descanso de los restos humanos de este fraile, lo que se sabe con certeza es que los franciscanos dirigieron la construcción del monasterio, así como de la parroquia y la notable arquería de la Capilla Abierta, todas ellas, joyas del siglo XVI. En el interior del monasterio, existen interesantes frescos; en uno de ellos aparece la efigie de Fray Martín de Valencia.

Este Conjunto Conventual conformado por la capilla abierta, la iglesia, el ex-convento de San Luis Obispo de Tolosa, y la capilla de la Tercera Orden, construido entre 1565 y 1591, fechas que aparecen en las portadas del templo.

En el claustro bajo se encuentran algunas decoraciones como el retrato de Fray Martín de Valencia y una imagen de Santa Clara; en los arcos se ven monos y perros, símbolos netamente medievales de la lujuria y la ira, y la lucha entre el pecado y la virtud, para llegar al motivo central: la imagen de Cristo, también se pueden admirar los frescos profusamente ilustrados con motivos vegetales animales y figuras humanas.

La capilla abierta es una importante muestra del ingenio artístico indígena, en el cual se observan cinco arcos al frente, todos completamente decorados. Un tupido follaje de guirnaldas, ramo, racimos y flores contrasta con las figuras de monstruos, diablillos y genios, así como querubines, angelitos y rostros humanos con sonrisas sarcásticas. También hay diseños indígenas que soportan los arcos, sus capiteles están profusamente decorados con flores, uvas y palmas.

Es una capilla abierta, ya que los indígenas se negaban a asistir a una iglesia común por el hecho, de estar cerrada, a lo que ellos pensaban que sus plegarias, oraciones y peticiones no podrían ser escuchadas por Dios.

Podría seguir detallado este bello lugar, sin embargo, invito al lector a que acuda a Tlalmanalco y viva esta experiencia.

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