Jueves, 11 Agosto 2016 00:00

Siete vidas como un gato: por una cultura verde

Escrito por  Ana Karen García Martínez - CODIPACS Valle de Chalco
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No hace falta ser un atento espectador de la realidad, para darnos cuenta de que, en el lugar en donde vivimos, cada día hay más basura; la silla en la que ahora estoy sentada un día la tendré que tirar, la jarra con agua algún día se romperá, y todo objeto que compré, estará destinado a ser basura. Incluso antes de ser comprado ya estaba destinado a ser parte de ella.

Cuando compramos cualquier objeto, bienes de capital duraderos, como   utensilios domésticos, automóviles, aparatos tecnológicos, etc., lo primero que tenemos presente es la calidad, “¿cuánto tiempo nos va a durar?”, sin embargo, tropezamos con una lamentable realidad, pues parece que los objetos ya no son duraderos, o que para mantenerlos hay que invertir en demasiadas reparaciones.

Al parecer, ya no tenemos más salida, pues los grandes productores controlan el ciclo de vida de la mercancía a su favor, haciendo que estos sean de menor calidad y así hacernos consumir en mayor cantidad. Compramos y desechamos en forma cíclica. Tomamos el camino más fácil, o el que aparenta serlo.

Pero al empezar ese camino fácil es donde realmente inicia la dificultad. Si pensamos en cuántas sillas hay en casa y cuántas ya hemos tirado, y lo mismo con las jarras ¿Qué cantidad de basura ya hemos generando? Y no sólo eso, en nuestra vida hemos tirado miles de objetos, miles de materiales: plástico, vidrio, aluminio, papel, fruta, verdura, etc., todo esto, revuelto y sin orden, se llama basura, pero cuando se hace una debida separación se llama: desechos orgánicos e inorgánicos.

Cada tipo de material tiene un tiempo de degradación diferente. La materia orgánica tarda en degradarse de una a tres semanas, las bolsas de plástico de 20 a 50 años, el aluminio de 200 a 500 años y el vidrio un millón de años.

¿Dónde vamos a meter tanta basura? Materiales que duran más de 100 años van a terminar enterrándonos, y otros hasta a nuestros hijos. ¿Qué tal si nos preocupamos y nos ocupamos? Porque es un problema de todos, la contaminación no respeta territorio alguno, nos afecta a todos.

¿Le darías un yogurt echado a perder a tu hijo(a) o a alguno de tus familiares, sabiendo que le hará daño? Entonces tampoco les des un planeta dañado, echado a perder por tus malos hábitos. Es horrible ver las calles llenas de basura. Es enfermizo ver cómo las casas se inundan por culpa de las coladeras tapadas. ¿Qué tal si reutilizamos esa basura? que en vez de que tapen la coladera nos puedan servir nuevamente. Hoy te traigo una propuesta: antes de tirar algo a la basura, démosle siete usos más: recicla.

Visto 524 veces Modificado por última vez en Jueves, 11 Agosto 2016 23:13

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