Miércoles, 08 Junio 2016 00:00

Fe y cultura se fecundan (1ra. parte)

Escrito por  Pbro. Benjamín I. Martínez - Diócesis de Nezahualcóyotl
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Este es un tema muy rico y amplio. En esta primera parte nos ilustra el texto del papa Francisco en su documento Evangelii Gaudium y hago una constatación práctica, luego abordamos retos y cuestionamientos.

Ser Iglesia es ser Pueblo de Dios, (EG 114). Este Pueblo de Dios se encarna en los pueblos de la tierra, cada uno de los cuales tiene su cultura propia. Se trata del estilo de vida que tiene una sociedad determinada, del modo propio que tienen sus miembros de relacionarse entre sí, con las demás criaturas y con Dios. Así entendida, la cultura abarca la totalidad de la vida de un pueblo. El ser humano está siempre culturalmente situado: «naturaleza y cultura se hallan unidas estrechísimamente». La gracia supone la cultura, y el don de Dios se encarna en la cultura de quien lo recibe (EG 115).

Constatamos. Las tres grandes realizaciones de la Iglesia, estructura fundamental que forja cultura en medio de la pluriculturalidad característica esta nueva época (Documento Aparecida 44): Kerygma (anuncio de Evangelio), Liturgia (celebración gozosa de la Fe) y Diaconía (servicio orgánico de caridad al prójimo). Tres dimensiones que se entrelazan mutuamente. Fe y Cultura se fecundan, para vivenciar el misterio de Cristo y de su Iglesia, hace cultura, y se hace fecundo en las distintas culturas, para hacer presente el reinado de Dios en nuestro mundo.

El anuncio gozoso del evangelio ha hecho surgir grandes y sencillos evangelizadores y catequistas, quienes en su alegría y gran creatividad, sin olvidar sus dificultades y precariedades, han desarrollado y reelaborado técnicas y catecismos de enseñanza y aprendizaje: desde la Didajé (primer catecismo de la Iglesia), pasando al del padre Ripalda, hasta la pluralidad de nuestros catecismos actuales: forjan usos y costumbres, formas de socialización, lugares y días de encuentro y fiesta.

La celebración festiva de la Fe caracteriza nuestras culturas: vestido, peinado, adornos, comidas, bebidas, música, baile, vídeos, limpieza de la casa, calle, pueblo. Veamos cómo la celebración de los sacramentos hasta la religiosidad popular tan colorida y diversa repercute profundamente en las formas sociales. Pensemos, a su vez, cómo los ritos de nuestras culturas marcan nuestra liturgia oficial: los 3 y 15 años, salidas de escuela, matrimonio y difuntos.

Así mismo, el servicio de caridad organizada al prójimo impregna nuestra cultura y viceversa: la ayuda a las viudas (Hech 6,1; Stgo 1,27), nuestros dispensarios, comedores comunitarios, escuelas, apoyo a Migrantes, derechos humanos, colaboración implícita o explícita con ONG's. Tenemos un gran pendiente con esta dimensión diaconal de la Iglesia: es la menos desarrollada y quizá, la más desatendida, con pocos servidores y ministerios...

Requerimos del equilibrio de estas tres grandes realizaciones de la Iglesia. Sólo Kerygma corrompe en demagogia, sólo Liturgia corrompe en ritualismo, solo diaconía corrompe en socialismo. Si descuidamos una, ¿estaremos practicando una especie de kriptoherejia? Las tres entrelazadas nos revelan al Cristo completo, al Cristo de la fe que la Iglesia nos ha anunciado y se ha hecho vida en nuestra pluralidad cultural.

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