Miércoles, 30 Septiembre 2015 00:00

“El vicio de la gula y algunos antídotos necesarios”

Escrito por  Codipacs Teotihuacan
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El hombre de hoy debe aprender nuevamente a escuchar su cuerpo y no, antes de todo, su placer. Encontremos tiempo para preguntarnos: ¿Por qué cómo? ¿Cuál es mi bien? ¿Cómo solo porque me gusta? No todo lo que es agradable está bien. “Alimentémonos de acuerdo con la necesidad de la salud y no según el propio deseo”. Reconozcamos el hecho de que viviremos en armonía con nosotros mismos en el momento de que pasemos del disfrute desmesurado a la necesidad satisfecha.

La dieta no podrá ser un antídoto. De hecho toda dieta combate el síntoma, pero no la causa. Hay que sumergirse en la profundidad de ese mar que es la persona para analizar la parte sumergida del problema, y no solamente la parte que emerge del iceberg, que es una especie de epifenómeno. Apoyarse en una dieta sería como ponerse en manos de un médico torpe que cura la fiebre, aun obteniendo un resultado temporal, descuidando la infección profunda que la causó. Oponerse a la gula significa afrontar el vacío que la generó, los obstáculos que impiden que la persona se cuide. Las causas siempre son muy serias: una voluntad inconsciente de dañarse.

Educar la propia libertad. Convertirnos en “amos” de nuestro cuerpo, manejando como dueños los asuntos de la propia casa. Poner orden con horarios, planificar lo que se desea comer, cuidar la cantidad del alimento, y la calidad. Para comprender cuál es nuestra relación con la comida, podría ser útil preguntarnos: ¿Soy capaz de renunciar a un alimento que amo particularmente? ¿Logro comer un alimento que, en cambio, no amo en absoluto? A partir del tipo de respuesta, hallaremos señales importantes sobre la gestión de nuestra libertad.

Cuidar las relaciones, concentrarse, estando a la mesa, no en el alimento sino en quien se tiene enfrente. Los padres antiguos aconsejaban levantarse de la mesa siempre con algo de apetito. Abrir la propia perspectiva intelectual: levantar la mirada al mundo que nos rodea contribuye también a reorientar el alimento hacia su justa dimensión, a darle la importancia que le corresponde. De esta manera, se le sustrae de la pretensión de tener un valor totalizante.

Aprender a agradecer “Algunos comen para tener la fuerza de estudiar la palabra de Dios. Otros estudian la palabra de Dios para aprender a comer” (refrán judío). El goloso no sabe agradecer.

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