Martes, 23 Junio 2015 00:00

Iglesia y discriminación juvenil

Escrito por  CODIPACS Izcalli
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Hola amigos, desde hace dos ediciones hemos estado hablando en esta sección acerca de la Iglesia y la cultura juvenil, en la edición pasada hablamos de la gran riqueza que significa ser joven hoy, pues la cultura juvenil de nuestros tiempos se caracteriza por ser muy variada respecto de los estilos, modas y formas de pensamiento, en este sentido decíamos que, hoy no se puede hablar solo de cultura juvenil sino de culturas juveniles por la diversidad de formas en las que se vive la hermosa etapa de la juventud en nuestros tiempos.

Hoy hablemos acerca de la discriminación juvenil, de aquel factor de nuestra sociedad que parece ser invisible y que afecta en general al mundo de los jóvenes.

Discriminar podría ser una palabra bastante fuerte en nuestros tiempos, sobre todo cuando hoy existen tantas leyes, incluso no escritas, contra la discriminación, y también porque hoy, en el mundo de manera generalizada se defiende el hecho de la aceptación, el respeto, la tolerancia y las oportunidades para todos. Sin embargo, hoy siguen existiendo múltiples formas de discriminar a las personas y de un modo particular a los jóvenes, bajo las acepciones: “eres muy joven”, “tienes poca experiencia”, “no eres responsable”, “lo podrías echar a perder”, “eres rebelde”, “no sabes”, etc. Este tipo de frases aplicadas a un grupo concreto de nuestra sociedad tienen una fuerte carga discriminatoria, ofende la dignidad del hombre y abajo a la persona a quien es dirigida la expresión.

Ya en las anteriores ediciones, hemos dicho cómo es que la Iglesia acompaña a los jóvenes, hoy quisiéramos agregar que este sector de nuestra sociedad a los que ordinariamente llamamos inexpertos, son la vitalidad de la Iglesia y son los responsables de “hacer más ruido” en el anuncio del Evangelio, su testimonio es muy fuerte y su compromiso está lleno de alegría; bastaría asomarse a cualquiera de las Jornadas Mundiales de la Juventud que es uno de los pocos eventos mundiales que atrae a una gran multitud de personas en el mundo; además, en nuestras parroquias, el gran motor que impulsa una pastoral nueva y diferente son ellos, los jóvenes; en cierto sentido podríamos decir que son ellos el gran problema de la Iglesia pero son un problema que más bien se convierte en un reto que nos llama a repensar nuestras formas de evangelización y en ese sentido son también un gran punto de partida para renovarnos; también habría que decir que son los jóvenes los que nos han abierto como Iglesia las puertas a una nueva cultura digital como instrumento para el anuncio del evangelio. En este y en otros muchos sentidos, los jóvenes no son en manera alguna personas que podamos hacer a un lado por el hecho de ser jóvenes, ellos son un motor de arranque, de aguante y de llegada.

Gracias a Dios que en la Iglesia los jóvenes siguen teniendo un lugar importantísimo y su tarea sigue siendo un pilar fundamental para la evangelización de los pueblos.

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