Lunes, 25 Junio 2018 00:00

Provincia del Santo Evangelio

Escrito por  Lucía García, Diócesis Valle de Chalco
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Nuestra actual Provincia Eclesiástica de Tlalnepantla, está conformada por ocho diócesis; Tlalnepantla, Cuautitlán, Izcalli, Ecatepec, Teotihuacán, Texcoco, Nezahualcóyotl y Valle de Chalco, todas ellas se han ido desprendiendo de la diócesis de Texcoco que se creó en 1960 y que a su vez salió del territorio de la Arquidiócesis de México. Una diócesis es un territorio bajo la jurisdicción de un obispo.

 

Cuando en el siglo XVI los primeros frailes arribaron a las tierras recién descubiertas no existían las condiciones necesarias para su creación, por lo que para la acción evangelizadora retomaron el modelo propio de la orden mendicante que llegó en primer lugar, la Orden franciscana.

Como es bien sabido el primer gran proyecto referente a la fe, corrió a cargo de dicha orden, llegando en 1524 doce frailes bajo la guía de Fray Martín de Valencia, cuando de evangelizar se trata uno de los puntos más importantes es la organización, ellos lo sabían muy bien, por ello el mismo año fundaron la custodia, subprovincia, del Santo Evangelio, el nombre respondió al que había tenido la custodia a la que pertenecieron los frailes en Extremadura España.

Once años permaneció como custodia y se erigió en 1535 oficialmente como Provincia, ya que había aumentado el número de casas, llegando aproximadamente a setenta casas para ese año, divida en cuatro monasterios principales: México, Tetzcuco, Huexotzinco, Tlaxcalla.

Los frailes, junto con los que ya estaban, se dividieron de cuatro en cuatro para habitar tales lugares, de donde salían a predicar hacia distintos puntos.

Es Fray Juan de Torquemada, cronista de la orden, quien en su obra Monarquia Indiana, escrita en la transición del siglo XVI al XVII publicada en siete volúmenes, detalla la fundación de la Provincia del Santo Evangelio y de manera general la conversión de los indios.

Uno de los puntos más sobresalientes es el papel que los niños tuvieron en el proceso evangelizador, muy pronto los religiosos se dieron cuenta que eran ellos los sujetos principales a quienes debían dirigir todos sus esfuerzos, por tal motivo decidieron juntar a todos los niños y tenerlos en una casa donde se preparaban y aprendían, entre otras cosas, a hablar castellano, poniendo de manifiesto una necesidad latente desde el principio, lo necesario que era para catequizar, comunicarse en la misma lengua, así los monjes oían a los niños e iban escribiendo las gramáticas de las distintas lenguas, que luego eran incluso corregidas por ellos.

Paralelo al funcionamiento de las Provincias franciscanas, con la llegada del obispo Fray Juan de Zumárraga fueron surgiendo las diócesis, sin embargo, fueron las órdenes religiosas quienes en su mayoría seguían administrando los centros de evangelización, así fue hasta el siglo XVIII que inició el proceso de secularización, aunque la orden franciscana siguió conservando su provincia dentro de su comunidad, la permanencia es tal que hasta nuestros días tiene el mismo nombre.

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