Lunes, 20 Noviembre 2017 00:00

La inculturación del Evangelio en nuestra nación

Escrito por  Sem. Moisés García Pérez
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El proceso de encuentro y confrontación con las culturas es una experiencia que la Iglesia ha vivido desde los comienzos de la predicación del Evangelio, pues es propio de la persona humana el no acceder a su plena y verdadera humanidad sino a través de la cultura. Así, la Buena Nueva que es el Evangelio de Cristo para todo hombre y todo el hombre, “al mismo tiempo hijo y padre de la cultura a la que pertenece” (Fides et Ratio, n. 71), le llega a éste en su propia cultura, que impregna su manera de vivir la fe y que a su vez es modelada por ésta.

La catequesis como modo de evangelización general para las culturas, está llamada a llevar la fuerza del evangelio al corazón de la cultura y de las culturas. Para ello, se procurará conocer estas culturas y sus componentes esenciales; aprenderá sus expresiones más significativas respetará sus valores y riquezas propias. Sólo así se podrá proponer a tales culturas el conocimiento del misterio oculto y ayudarles a hacer surgir de su propia tradición viva expresiones originales de vida, de celebración y de pensamientos cristianos.

De igual manera, la Iglesia, al vivir durante el transcurso de la historia en variedad de circunstancias, ha empleado los hallazgos de las diversas culturas para difundir y explicar el mensaje de Cristo en su predicación a todas las gentes, para investigarlo y comprenderlo con mayor profundidad, para expresarlo mejor en la celebración litúrgica y en la vida de la multiforme comunidad de los fieles. (CONSTITUCIÓN PASTORAL GAUDIUM ET SPES n. 58)

Dentro de nuestra nación mexicana conocemos el signo de la aparición Guadalupana que es importante por su modo de demostrar el amor de Cristo por medio de Maria Virgen. En México el 12 de diciembre de 1531, La Virgen de Guadalupe toma todo lo que es la identidad indígena y española y desde aquí manda un mensaje para el mundo entero. Ella habla en Náhuatl, se plasma en una tilma Náhuatl, su mensajero es un indígena de mentalidad tolteca; San Juan Diego, toma mucho de esta mentalidad para dar el mensaje de Jesús como Dios vivo, verdadero. Lanza su voz al mundo entero a través de los indígenas, sin descuidar a los españoles, ella es una mujer de adviento también perfectamente comprendido por ellos. Así que ella hace una identidad nueva conjuntando las cosmovisiones española e indígena, el fruto lo lanza al mundo entero, por eso San Juan Pablo II le llama el modelo perfectamente inculturado de esa evangelización.

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