Miércoles, 25 Octubre 2017 00:00

Tlalmanalco, tierra con encanto al pie de los volcanes

Escrito por  Mario Calleja y Lucía García, Diócesis valle de Chalco
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Es la parroquia San Luis Obispo de Tolosa en Tlalmanalco, Estado de México, una de las construcciones más antiguas de la Diócesis Valle de Chalco y también de México, pues fue una de las misiones emprendidas por los llamados primeros doce frailes que arribaron en 1524, encabezados por Fray Martín de Valencia, para iniciar el proyecto evangelizador. Es por ello que su arquitectura además de deleitarnos visualmente con su imponente presencia, también es un medio para acercarnos a nuestro pasado.

Cuando visitamos un sitio histórico, resulta complicado imaginar cual fue el camino para que luzca como lo conocemos, pues pareciera que siempre ha sido así y que no ha cambiado prácticamente nada, sin embargo construcciones de tal magnitud no pudieron edificarse de un día para otro.

Todas las edificaciones de este tipo, pasaron por varios cambios a través del tiempo, en el caso de Tlalmanalco es posible identificar al menos 3 etapas constructivas del conjunto, la primera entre 1530 -1540, la segunda de 1550-1560, y la última comprendida entre 1580-1590, estamos hablando de un proyecto de sesenta años aproximadamente, más de medio siglo para que cada espacio fuera tomando la forma que hoy conocemos ¿increíble, verdad? ¿Cuántos hombres y mujeres soñaron con un espacio de culto digno? Seguramente pensando no solo en sí mismos, sino en sus descendientes, en las futuras generaciones, en nosotros.

Este conjunto conventual está integrado por el recinto litúrgico, cuya área ocupa aproximadamente 490 metros cuadrados, rematada en el techo con una gran bóveda de cañón corrido, puede también apreciarse el coro, lugar designado para el canto y que por su posición configura una acústica precisa y que dota de singularidad a los templos antiguos; el claustro, en donde aparece la fecha “Icemilhui” 1582, y donde aún se pueden ver ejemplos de la pintura mural que en otro tiempo debió tapizar ese espacio, entre ornamentación vegetal, animal y figuras humanas que difícilmente dejaron un espacio en blanco; la capilla abierta, probablemente de los años cincuenta del siglo XVI, cuya técnica escultórica plasma lo que se conoce como arte tequitqui, refiriéndose al procedimiento indígena para modelar iconografía cristiana, lo que da por resultado que las piezas se vean achatadas, sin mayor profundidad, pues eran talladas de piedra a piedra.

Cada parte del lugar fue pensado para entablar un dialogo con la feligresía, que aún hoy, con la debida atención es posible desentrañar.

Es preciso que nosotros, desde nuestro tiempo tomemos conciencia urgentemente de la importancia histórica-artística de las edificaciones que configuran nuestro patrimonio religioso y cultural para preservarlo pertinentemente y pueda ser conocido y disfrutado también por las generaciones futuras. No queda más que invitar al lector a conocer de primera mano este espacio, cuyo paisaje se complementa con la coronación de los eternos vigías, el volcán Popocatépetl e Iztaccíhuatl.

Visto 47 veces Modificado por última vez en Miércoles, 25 Octubre 2017 22:52

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