Miércoles, 25 Octubre 2017 00:00

La alegría de la Iglesia es la presencia de Cristo

Escrito por  CODIPACS Izcalli
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Somos la Iglesia de la alegría, no podemos concebir nuestra fe sin la alegría, a esto nos ha llamado el Papa Francisco, ya desde hace algunos años, él mismo, el Papa, nos ha hecho conscientes de este estado de vida que hemos tenido como dormido desde hace muchos años.

Y es que, la Iglesia que nació en Pentecostés, y que además, es sostenida y guiada por el Espíritu Santo, no puede vivir sumergida en la tristeza, en la indiferencia o en otras tantas actitudes contrarias a la alegría. Ella, la Iglesia, canta su alegría en el nacimiento de Jesús, con el exultante "¡gloria a Dios en el cielo!" (Lc 2) de los ángeles que anunciaban a los pastores la llegada de su salvador, ese mismo canto lo entona la Iglesia cada domingo y lo cantará algún día en el cielo en la presencia de su salvador. Esto mismo ha sucedido cuando Jesús entró a Jerusalén como rey y Mesías montado en un burrito, entonces la gente ponía los mantos y las palmas que encontraba en el camino, y a sus pasó gritaba: "¡Hosana, hosana!" (Mt 21) un canto de alegría porque la salvación estaba más cerca que nunca. Lo mismo sucedió en la Pascua, tiempo en el que la Iglesia celebra la resurrección del Señor, y en este tiempo la Iglesia canta a todo pulmón: ¡Aleluya! Canto exultante de alegría. Y lo mismo sucede en este mundo cuando, enseñados por san Juan en el Apocalipsis, la Iglesia grita "¡ven, Señor Jesús!" (Ap 20, 20), esperando la gloriosa aparición del Señor. Desde este punto de vista, la Iglesia no puede vivir triste, sino alegre por la presencia del Señor y porque celebrar nuestra fe es una experiencia gozosa, no un momento risas, no una ocasión para perder la compostura, sino para experimentar a Cristo presente y operante en la Iglesia, entonces como fruto de tal experiencia, vendrá la alegría del Señor.

Este es el motivo por el que el Papa insiste en que seamos cristianos alegres y nos llama a vivir la alegría del evangelio, pues evangelizar significa haber experimentado a Cristo y llevarlo con alegría a los demás para que puedan experimentar esto mismo.

No somos o no deberíamos ser Iglesia triste, no podemos ser testigos de la teoría, estamos llamados a sumergirnos en el misterio y vivir de su alegría. Las cosas funcionan más y mejor cuando las hacemos con alegría, cuando ponemos en ellas un poco más de entusiasmo del habitual. Sumerjámonos, alegrémonos y prediquemos la alegría de Cristo que vive y opera en medio de nosotros.

Visto 37 veces Modificado por última vez en Miércoles, 25 Octubre 2017 22:48

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