Lunes, 04 Julio 2016 00:00

Hagamos un buen uso de los signos y símbolos

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Es común ver que algunas parroquias suelen mantener el cirio pascual todo el año litúrgico y para todo prenderlo. Esto hace que se cree cierta confusión entre los fieles. Y no solamente el cirio, sino que esto mismo es para imágenes, adornos, etc. Por eso recordamos el siguiente número de la Instrucción General del Misal Romano:

“20. Puesto que la celebración de la Eucaristía, como toda la Liturgia, se realiza por medio de signos sensibles, por los cuales se alimenta, se robustece y se expresa la fe, procúrese al máximo seleccionar y ordenar aquellas formas y elementos propuestos por la Iglesia que, teniendo en cuenta las circunstancias de personas y lugares, favorezcan mejor la participación activa y plena, y respondan más idóneamente al aprovechamiento espiritual de los fieles.”

Los signos y símbolos que usamos en la Liturgia, tienen como única finalidad el ayudarnos a entender y comprender la realidad que celebramos, pero no deben ser distractores, es decir, que sean más importantes, el signo o el símbolo, que el mismo sacramento que nos representa.

¿Qué es un signo?

Es aquello que produce lo que significa. En esto podemos hablar de los sacramentos. Que son signos verdaderos de la gracia que se nos da al recibirlos. Por eso son eficaces, de la acción de Dios o de la presencia misma de Cristo. Son reales, instituidos por Cristo y no convencionales a los que nosotros por el uso los hayamos convertido en indicadores de una realidad.

¿Qué es un símbolo?

Es una evocación o recuerdo que percibimos por los sentidos, de una realidad, porque tiene rasgos propios o características que le asociamos, que realmente, nos hacen pensar en lo representado. Nos acerca a una realidad o a un sentimiento que no está presente en el símbolo en cuanto cosa material, pero nos ayuda a vivir con un sentido nuevo lo que hacemos. Como ejemplo podemos decir: las imágenes, el incienso, las velas, procesiones, gestos y posturas, vestiduras, etc.

Cabe mencionar que dentro de las iglesias, no es conveniente que los símbolos se repitan o que se saturen, porque más que ayudar a despertar la piedad y el encuentro con Dios, propiciamos la distracción y el agotamiento visual.

Hagamos un buen uso de nuestros signos y símbolos.

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