Miércoles, 18 Julio 2018 00:00

Celebremos la Transfiguración del Señor

Escrito por  Sofía L. Godínez, Diócesis de Texcoco.
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Esta fiesta que celebramos los católicos el 06 de agosto, recuerda la escena en que Jesús, en la cima del monte Tabor, se apareció vestido de gloria, hablando con Moisés y Elías ante sus tres discípulos preferidos, Pedro, Juan y Santiago. Ellos hablaban de la muerte de Jesús, porque hablar de la muerte de Jesús es hablar de su amor, es hablar de la salvación de todos los hombres. Precisamente, Jesús transfigurado significa amor y salvación. En el momento de la Transfiguración, se oyó la voz del Padre diciendo “Éste es mi hijo muy amado, en quien tengo todas mis complacencias: escuchadlo”.

 Esta es una fiesta especial, la cual reafirma nuestra esperanza en el Señor Resucitado, pues sabemos que, cuando se nos manifieste, transformará nuestros cuerpos mortales, eliminando de ellos todas las miserias, y configurándonos con su cuerpo glorioso e inmortal. El señor nos llama a la vida nueva, para realizar en cada uno de nosotros una transfiguración interna para los demás, nos invita a abandonar actitudes como el orgullo, la pereza, las pasiones desenfrenadas, la codicia, las distracciones, el egoísmo, la dureza del corazón y a adoptar actitudes como: la humildad, la pureza, esforzarse por cultivar las virtudes cristianas, obedientes a Dios y misericordiosos.

Necesitamos experimentarlo como el que lo puede todo. Las personas a veces pretenden ser felices por sí mismas, pero acaban dándose cuenta de que eso no se puede. Cuántas veces hay problemas, contrariedades, tristezas en la vida cotidiana, amarguras tremendas en nuestros corazones. ¿Sabemos nosotros llenar esos pozos de tristeza, de amargura, de obscuridad o de ceguera con la auténtica felicidad, que es Cristo? Cuando tenemos en nuestra alma una decepción, un problema, una lucha, una inquietud, una frustración, ¿sabemos auténticamente meter a Jesucristo dentro de nuestro corazón? No nos podemos escandalizar ante el dolor humano, Cristo nos invita a verle en la Eucaristía con ojos de fe, y decirle como Pedro: ¡qué bien se está aquí, Señor!

Ante las circunstancias en que se encuentra actualmente la humanidad, llena de violencia, de angustia e incertidumbre, debemos tener actitudes esperanzadoras, ver las contrariedades con ojos de fe, que animen, que fortalezcan la fe en Dios. Hacer actual las transfiguraciones de Cristo, abrir esos espacios en la vida para que sin miedo vayamos a la vida ordinaria, con la seguridad y con la tranquilidad de que Él está con nosotros.

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