Miércoles, 15 Noviembre 2017 00:00

Él va a donde nosotros vamos, vive donde vivimos

Escrito por  Misioneras del Corazón Eucarístico de Jesucristo Rey
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Corpus Christi

En este día en todas las Iglesias se expone al Santísimo y se lleva por las calles de nuestras ciudades y pueblos, el Señor hecho carne, el Señor convertido en pan. Estas calles son bendecidas por su presencia majestuosa, vive en medio de nosotros, en nuestra vida diaria. Él va a donde nosotros vamos, vive donde vivimos.

El mundo y la vida cotidiana tienen que ser su templo. Corpus Christi nos indica lo que significa comulgar: tomarlo, recibirlo con todo nuestro ser. No se puede comer simplemente el Cuerpo del Señor, como se come un trozo de pan. Sólo se lo puede recibir, en tanto le abrimos a él toda nuestra vida, en tanto el corazón se abre para él. «Mira que estoy a la puerta llamando», dice el Señor en el Apocalipsis. «Si uno me oye y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos» (Ap 3,20). Corpus Christi quiere hacer audible esta llamada del Señor también para nuestra sordera. Mediante la procesión golpea sonoramente en nuestra vida cotidiana y ruega: ¡Ábreme, déjame entrar! ¡Comienza a vivir por mí! Ábreme -dice el Señor- así como yo me he abierto para ti. Abre el mundo para mí, para que yo pueda entrar, para que yo pueda hacer radiante tu razón oculta, para que pueda superar la dureza de tu corazón. Ábreme, así como he dejado abrirse mi corazón para ti. Déjame entrar. Él lo dice a cada uno de nosotros, y lo dice a toda nuestra comunidad: déjame entrar en tu vida, en tu mundo.

En consecuencia, Corpus Christi es una llamada del Señor a nosotros, pero también un grito de nosotros hacia él. Toda la festividad es una gran oración: date a nosotros Señor, danos de tu pan verdadero.

¡Oh Jesús adorable! Es hoy la fiesta de tu Cuerpo y de tu Sangre, dentro de esta fiesta te contemplaremos manifiesto en la Hostia Sacrosanta. Te rendiremos el homenaje de nuestra Adoración y TÚ nos mirarás con gran amor, nosotros fijaremos nuestras miradas sedientas en la Hostia Divina; y así estrechamente se unirán nuestros corazones y en ellos se fundirá el fuego de tu amor.

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