Lunes, 26 Junio 2017 00:00

“Que el día de ayuno con el que iniciamos, Señor, esta Cuaresma… “

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(Oración colecta del Miércoles de Ceniza).

 

 

                Como cada año el miércoles de ceniza marca el inicio del camino cuaresmal. Una oportunidad, como nos lo recuerda el Papa Francisco en su mensaje de este año, de crecer en el amor a Dios. Y al igual que cada año muchos católicos acudirán a las iglesias parroquiales a que se les imponga la ceniza y quizá muy pocos estarán conscientes del compromiso que ello conlleva.

                ¿Cómo se originó este caminar? ¿Siempre se ha celebrado en la Iglesia? ¿Cuál es el sentido? Son algunas de las preguntas que nos pudiéramos hacer con respecto a este día en la Iglesia.

                Lo primero que debemos decir al respecto es que la Iglesia siempre y como celebración central es la Pascua. Los orígenes de la Cuaresma no son muy claros, se presenta como un tiempo de preparación que antecede el ayuno pascual del viernes y del sábado antes de la Pascua.

                Entre finales del siglo II y comienzo del IV, en Egipto hay noticias de un ayuno de 40 días que comenzaba al día siguiente al 6 de enero, fecha en que la Iglesia de Alejandría festejaba el Bautismo del Señor. Este ayuno no era para preparar la Pascua, sino más bien para festejar el ayuno de Jesús en el desierto en las semanas posteriores a su bautismo. Sin embargo, al poco tiempo, este ayuno se transformaría en preparación penitencial para la Pascua.

                El concilio de Nicea, en el 325, en su canon 5 menciona como cosa normal y conocida la quadragesima paschae, como un periodo de 40 días que precede o prepara la Pascua. San Jerónimo atestigua en la carta a Marcela (384) la existencia en Roma de la Cuaresma, cuya característica principal es el ayuno.

                La tipología bíblica del número 40 influyó en la estructura de la Cuaresma a través de la concordancia entre el número y los sucesos histórico-salvíficos de las diferentes “cuaresmas” bíblicas (los ´días del diluvio, los días de Moisés en el Sinaí, etc). Sin embargo, los días de ayuno y oración de Cristo se cuentan de manera diferente en las diversas Iglesias: la cuenta de 40 días es diferente según se considere el sábado día ferial (como el rito romano) o semifestivo (como los ritos bizantino y ambrosiano).

                La cuaresma primitiva fue el marco apropiado para la última preparación de los catecúmenos o “iluminados” al Bautismo en la Vigilia Pascual. El tiempo cuaresmal también era tiempo de penitencia para aquellos que debían someterse a la práctica de la penitencia pública. Con el paso del tiempo, toda la comunidad cristiana se unió a los grupos de catecúmenos y penitentes para prepararse para la Pascua: se escucha con mayor frecuencia la Palabra de Dios; la oración es más intensa y prolongada, al igual que la práctica constante de la penitencia, en especial del ayuno, en un marco litúrgico cuaresmal cada vez más organizado.

                El inicio dela cuaresma se fijó para el VI domingo antes de Pascua, y después se anticipará al miércoles inmediatamente anterior; probablemente para lograr un número efectivo de 40 días de ayuno, ya que el domingo no se ayunaba. En este miércoles, los pecadores públicos, vistiendo un hábito penitencial y bañados en ceniza, se alejaban de las asambleas y eran obligados a la penitencia pública.

                La cuaresma transcurre a partir del Miércoles de Ceniza hasta la misa “In Cena Domini” (En la Cena del Señor, el jueves santo). De esta manera, el Tiempo cuaresmal se diferencia claramente del Triduo Pascual.

                El rito de bendición y distribución de las cenizas, con que inicia el tiempo penitencial pascual, se simplificó y dejó de realizarse al inicio de la Misa, y más bien se incluye al final de la Liturgia de la Palabra. En este día las tres lecturas que se proponen son: el llamado de Joel a un acto comunitario de penitencia (Jl 2, 12-18); la invitación de Pablo a dejarse reconciliar con Dios (2 Cor 5, 20- 6,2); la enseñanza de Jesús sobre la manera en que los discípulos deben realizar la limosna, orar y ayunar (Mt 6, 1-6. 16-18). Para la imposición dela ceniza se propone una fórmula nueva tomada de Mc 1, 15: “Conviértanse y crean en el Evangelio”, con la posibilidad de utilizar la fórmula antigua de Gn 3, 19: “Porque eres polvo y en polvo te convertirás”. El rito de la bendición e imposición de la ceniza puede realizarse como liturgia de la Palabra fuera de la Misa.

                Así la Cuaresma no sólo se considera una preparación para la Pascua sino una verdadera iniciación sacramental, es decir, es un camino de fe que se basa en escuchar la Palabra de Dios y sus signos sacramentales realizados en la asamblea litúrgica, y que se expresa mediante etapas de penetración y profundización progresiva del misterio celebrado.

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