Jueves, 27 Octubre 2016 00:00

Vocación sacerdotal, ilusión y cumplimiento

Escrito por  P. Andrés Tinajero
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Hola a todos los lectores de Mensajero, me llamo Andrés, y desde hace cerca de 8 años soy sacerdote en la Iglesia católica. Soy originario de una de las muchas rancherías del municipio de Maravatío, en el hermoso estado de Michoacán. 

Mi vocación a la vida sacerdotal nació cuando tenía escasos 6 ó 7 años, cuando en mi pequeña población las vacaciones llegaban era tiempo de ir a la Iglesia, al catecismo, a misa, a ofrecer flores al Sagrado Corazón de Jesús; para aquel tiempo, cada año, en verano, iban seminaristas y nos daban clases a los niños, rezaban con las señoras y organizaban muchas actividades en la Iglesia. A mí, en particular, me hacía mucha ilusión ver a los seminaristas, veía en ellos a gente preparada, pero también a personas sencillas y comprometidas, y quizá, no está de más decirlo, pero veía en ellos a santos de carne y hueso; ahí, con ellos surgió en mí el deseo de tener una vida así.

Pasados los años, cuando llegué a la edad de la secundaria, el deseo de estudiar en el seminario se hizo más grande, y es que durante todos esos años fui monaguillo de la iglesia de mi localidad; el sacerdote sólo podía celebrarnos la misa los domingos, pues tenía 54 comunidades que atender, a nosotros nos tocaba el domingo a las 9 de la mañana; y bueno, así fue como me integré a la Iglesia.

Cuando terminé la secundaria, una de mis tías, hermana de mi mamá, me dijo que iba a haber un pre-seminario y que estaban invitando a todos los jóvenes que tuvieran la inquietud; para aquel entonces, yo no sabía ni entendía eso de las diócesis y las jurisdicciones eclesiásticas, yo sólo tenía la inquietud, así que acudí al llamado que Dios me hacía por medio de mi tía, y me gustó tanto la experiencia que decidí quedarme, ahí mismo me explicaron que mi diócesis era Morelia y que era mejor y más cómodo para mi familia estar allá, pero para mí este pequeño rinconcito del estado de México me gustó mucho, y tampoco es que quedara muy lejos de mi casa, de hecho es el mismo tiempo que me hago de la casa de mis papás a Morelia que lo que me hago de allá al estado de México. Y así fue.

Mi formación en el seminario duró 11 años, después fui ordenado sacerdote y canté por primera vez la misa en la capilla de mi pueblo, en una fiesta del Sagrado Corazón de Jesús; fue una emoción tan grande porque en el mismo lugar donde nació mi llamado, ahí mismo celebré mi primera Eucaristía; ya no era aquel pequeño niño sino el sacerdote que seguía ilusionado y emocionado con Dios y su obra en el mundo, y después de casi 8 años puedo decir que ha valido la pena decir que sí a Cristo.

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