Lunes, 12 Septiembre 2016 00:00

Mi esposo será Cristo

Escrito por  Angélica Osornio
Valora este artículo
(0 votos)

Hola queridos lectores de Mensajero, mi nombre es Angélica Osornio, soy una chica de 18 años, desde muy pequeña mi deseo es convertirme en religiosa; la comunidad en la que vivo con mi familia está anclada a una zona marginal en la periferia de la gran urbe, y aunque desde este lugar tenemos una vista preciosa de la Ciudad de México, aquí es difícil que vengan a celebrarnos la eucaristía y los sacramentos; los sacerdotes que atienden la parroquia vienen solamente una vez a la semana para celebrar la misa del domingo, pero eso ha dado la oportunidad de que en mi comunidad vengan, desde hace mucho tiempo, muchas hermanas y hermanos religiosos, incluso seminaristas, para evangelizar, prepararnos en la catequesis, rezar con nosotros y enseñarnos el camino de la fe.

Eso es lo que ha motiva a muchos jóvenes a seguir al Señor en la vida consagrada, al menos en este pequeño pedacito de tierra hemos visto ya salir a un sacerdote y otros dos jóvenes se preparan en el seminario para serlo, además tenemos dos religiosas y un religioso; y yo, muero de las ganas por ir a una casa de formación religiosa para hacer experiencia de lo que significa consagrar la vida al Señor.

En los días siguientes, quizá cuando esta edición de Mensajero llegue a tus manos, estaré viviendo esta experiencia, llena de nervios ro también de emoción por descubrir cuál es el llamado que Dios hace a mi vida. Iré a hacer experiencia con las hermanas de san José, dedicadas a la atención de enfermos, y eso me gusta, porque ademad siento el grande deseo de ayudar, de servir, de entregar mi vida por otros.

A mi familia le duele un poco que yo salga de casa, porque imaginan que nunca más nos volveremos a ver, pero también me apoyan y se alegran conmigo, sabiendo que el mejor lugar en el que puedo estar es con Dios. En los días pasados, mi mamá me dijo que nunca imaginó que algunos de sus hijos se inclinara por la vida consagrada, dice que veía a todos sus hijos casados, y ella llena de nietos, pero nunca a una religiosa, y a eso unió que le gustara tener mucho como yerno a Cristo; mi mamá sólo me saca las lágrimas, pero también me motiva mucho, y yo agradezco a Dios que así sea.

Espero que los días en los que hago esta experiencia pueda tener un poco más de luz sobre aquello que Dios quiere de mí. Mientras tanto, te pido tu oración por mí y por los jóvenes que, indecisos de su vocación van por la puerta fácil sin consultar a Dios sobre lo que quiere de ellos.

Visto 332 veces Modificado por última vez en Lunes, 12 Septiembre 2016 23:23

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.