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Jueves, 18 Agosto 2016 00:00

Servicio en cuerpo y alma

Escrito por  Hna. Maricruz Dueñas HMSSyE
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Hola amigos, mi nombre es Maricruz Dueñas, y desde hace 27 años sirvo al Señor con mi vida, con mi oración y mi trabajo. Pertenezco a la comunidad de las hijas de María, una comunidad de religiosas cuyo carisma es la oración y la atención a los enfermos.

Crecí en la ciudad de Guadalajara, y desde que entré a esta comunidad que me acogió como su hija, he vivido en tres ciudades diferentes, en la primera comunidad para formarme como sierva del Señor y en las otras dos para servir a los enfermos.

Mi vida en esta comunidad, ha sido una completa aventura: yo nunca imaginé ser religiosa, ni consagrar mi vida al Señor; todo comenzó cuando yendo a la preparatoria, en la escuela nos invitaron a ser parte de la campaña de vacunación en el DIF de mi comunidad, con alegría acepté porque muchos de mis compañeros habían aceptado, no sé si en ese momento lo hacía con la consciencia de ayudar y servir a los demás, o sólo por el hecho de ser parte de lo que mis amigos y compañeros hacía. En ese servicio a la comunidad, también estaban invitadas unas postulantes, es decir, unas chicas que buscaban ser religiosas en la comunidad a la que ahora pertenezco, y bueno, ellas fueron el medio para que Dios me llamara a ser parte de su obra. Tengo que decir que, no me fui inmediatamente al Instituto de las hermanas para formarme; le costé un poco a Dios, porque yo me hacía del rogar, yo sentía que mi vida no era para terminar encerrada en un convento, sin embargo me atraía la idea del servicio, de ayuda, de hacer algo por el mundo y especialmente por los más necesitados. Poco tiempo después, mi abuela materna enfermó gravemente y fue atendida por una médico religiosa, cosa muy rara, pero así fue; eso fue lo que realmente me motivó a decir “pues por qué no”, así que, me decidí a hacer la experiencia del pre-vida, y desde entonces aquí estoy queriendo agradar a Dios con mi servicio.

La tarea no ha sido fácil, porque no sólo ha sido estar de rodillas en la oración, también he tenido que estar sentada en el aula de clases, para aprender y servir mejor, sin embargo, creo que, la mejor manera de atender a los enfermos ha sido la caridad y la fuerza que me ha dado la oración; sé que en cada uno de los enfermos que he atendido está un hermano, una madre, un esposo, un hijo al que, no solo hay que salvarle la vida, también hacerle ganar la vida eterna. Por eso me siento realizada como mujer y también como cristiana, porque en una tarea tan complicada como el dolor y la enfermedad, anunciamos el evangelio a quienes parecieran estar olvidados hasta por sus familiares.

Visto 303 veces Modificado por última vez en Jueves, 18 Agosto 2016 23:24