Miércoles, 08 Junio 2016 00:00

Hermanas Benedictinas de la Divina Providencia

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Era el año de 1847, en Italia, en una pequeña ciudad llamada Voghera, provincia de Pavía, situada al Norte de este País. Voghera era una ciudad donde imperaba el analfabetismo, la ignorancia, la miseria e inmoralidad. Las adolescentes y jóvenes de la clase pobre vivían pidiendo limosna, abandonadas a su propia suerte, pues sus padres no tenían condiciones para cuidar de ellas, porque les faltaban los medios, por descuido o por ignorancia. A veces, esas adolescentes o jóvenes molestaban a las personas que pasaban, pidiéndoles limosnas en voz alta y usando un lenguaje un tanto vulgar.

Cerca de ahí había una Universidad muy famosa donde estudiaban jóvenes de varias partes de Italia y de otros   países de Europa. Esos jóvenes universitarios se aprovechaban de la ignorancia de las pobres niñas, conduciéndolas al error y a la inmoralidad. Abandonadas por sus familias no había quien las amparase.

También reinaba en la ciudad una gran crisis económica. Muchas epidemias y pestes habían hecho centenas de niñas huérfanas. Frente a esta realidad social, Dios puso en el corazón de las hermanas Maria y Giustina Schiapparoli, el gran ideal de hacer algo para aminorar tanta miseria y tanto dolor. Deciden entonces acoger en su casa algunas de esas niñas abandonadas o rechazadas por sus padres y que viven en situación peligrosa, dedicándose totalmente a Dios y a su servicio.

Para concretizar mejor este plan de amor y de servicio, nace, en 1849 la Congregación de las Hermanas Benedictinas de La Divina Providencia. Abiertas al Espíritu Santo de Dios, desarrollan esta obra con trabajo, con honestidad y simplicidad de vida, su lema es: ORA ET LABORA.

La obra fue creciendo, gracias al sacrificio y la donación de las hermanas y la colaboración de personas abnegadas y caritativas.

La confianza en la Divina Providencia es una constante en la obra y en la vida de las Schiapparoli. Con el pasar de los años, la semilla crece. Nuevas casas son abiertas, siempre siguiendo el objetivo misionero: Cuidar de la instrucción humana y cristiana de las adolescentes y jóvenes de los alrededores.

Abiertas a las necesidades de los tiempos y lugares, tienen sus actividades en guarderías, escuelas, hospitales, hogar de ancianos, pastoral parroquial, misión en otros países. Las obras creadas por las Siervas de Dios María y Giustina fueron principalmente orfanatorios, guarderías y escuelas, campo de trabajo que ellas consideraban adecuados para vivir su apostolado específico: acogiendo, asistiendo y educando a la niñez y a la juventud, en particular la más pobre y marginada, según las exigencias y circunstancias de los tiempos y de los lugares.

Carisma: Confianza en la Divina Providencia.

El espíritu del Instituto: Simplicidad y humildad de vida, al servicio de los hermanos.

Nuestro Padre y protector espiritual: SAN BENITO.

Ahora están presentes en: Italia, Albania, Rumania, Guine Bissau, México, Brasil, Bolivia, Argentina, Paraguay, India, Kenya, Malawi, Mozambique y Tanzania.

Como el Carisma de las Fundadoras se encarnó y se hizo evidente en la vida de la comunidad eclesial del tiempo, reflejando siempre la sencillez y la humildad de sus orígenes, así su foco incandescente empeña a la hermana Benedictina, a transmitir proféticamente el evangelio abriéndose con confiado coraje y caridad a la acción misionera y a los problemas de los hermanos, especialmente el de la infancia y de la juventud necesitada, confiando siempre en la Divina Providencia. Por lo tanto, siguiendo al llamado de Cristo, con el desafío, que brota de la confianza en Dios, buscamos responder generosamente a la llamada misionera de la Iglesia también en tierras de misión.

Fue propuesta abrir otra comunidad en México, pues ya hay una Comunidad en San Felipe, Guanajuato. Buscaron conocer en donde había necesidad de la presencia religiosa y tuvieron la oportunidad de conocer el municipio de Chimalhuacán, lugar donde está el Tiradero de Escalerillas, y después de mucha oración para descubrir la voluntad de Dios, las hermanas del gobierno provincial, decidieron venir a Texcoco, en donde la voz de Cristo clama por medio de nuestros hermanos necesitados. Y desde el día 20 de febrero de 2016 fecha en que se abrió oficialmente la nueva comunidad, se dio la bienvenida a las religiosas Hna. Regina Bolsanello, (brasileña), Hna. Aldinèia de Sà Linhares Bessa (brasileña) y Hna. Cruz Hernández Tlanepantla (mexicana), y prestan su servicio en la Cuasiparroquia Santa María de Guadalupe y sus capillas, también con las familias que están en el Tiradero.

Ciertamente los desafíos son grandes, mas Dios Padre que es Providente, no faltará con su gracia y conducirá esta misión que pertenece a Él.

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