Lunes, 22 Junio 2015 00:00

Vocación

Escrito por  Dante Ramírez Roblero Diócesis de Nezahualcóyotl
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¿Y ahora... qué? Generalmente cuando alguien se aventura a caminar por lugares nuevos suele suceder que ya no se sabe qué camino seguir y eso provoca algo distinto en cada uno de nosotros, en algunos casos es miedo, en otros es adrenalina por la aventura, pero siempre, sentimos la necesidad de vernos seguros.

Buscamos escuchar el llamado de Dios en nuestras vidas, escuchar a Dios hace a cada ser humano de manera particular a realizarse dentro de la vida del Espíritu (cf. CaTIC 1699). ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Hacia dónde voy?, las tres vienen tan unidas. Pero al hablar de la vocación quisiera enfocarme en la pregunta: ¿Hacia dónde voy?

La Sagrada Escritura se encarga de respondernos, encontramos la vocación de Samuel (cf. 1 Sam 3,1-21) donde se nos revela algo ¡asombroso! las palabras puestas en los labios de Samuel son impactantes: «… habla Señor, que tu siervo escucha», la clave se encuentra en escuchar la voz de Dios. Dios tiene un proyecto para cada uno de nosotros. Pero, ¿Cómo le hago para entender el proyecto de Dios? Primero hemos de callar para que podamos escuchar lo que tiene que decirnos.
Escuchar involucra otros sentidos para ayudarnos a entender las palabras que se dicen. Cuando escuchamos, otras funciones cognitivas entran en juego: poner atención, recordar, razonar y meditar.

En el Evangelio de Mateo encontramos la parábola de los “talentos” (cf. Mt 25, 14-30) un elemento importante para descubrir nuestra vocación, eso es el talento, ¿Para que soy muy bueno? ¿Qué hago mejor que los demás? Cuando veo a algún atleta, deportista, profesionista o artista y me emociona lo que hace, es que esta persona ha descubierto su talento, ¿Cuál es el tuyo? Compartimos la siguiente reflexión: “Solo puedes volverte un profesional consumado en algo que te fascine. No hagas del dinero tu meta. Mejor haz las cosas que te encantan y hazlas tan bien que no dejes de llamar la atención”, Maya Angelou.

¿Qué me encanta hacer? Esta pregunta nos da otra pista para descubrir la vocación, a eso le llamamos pasión, Jesús mismo nos dice: «mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado» (cf. Jn 4,34) y toda su vida fue entregarse con pasión a realizar la voluntad del Padre.

Un elemento más es la conciencia, es decir, ¿Qué siento que debería hacer? ¿Qué me pide Dios? ¿Hay algo que siempre haya sentido que debo hacer, aunque haya ignorado estos pensamientos? A eso es a lo que nos debemos entregar ¡con toda la vida! con todos los ánimos, aun con los padecimientos (cf. 1 Pe 3, 16b-17).

Uno más, se llama necesidad, ¿Qué necesita el mundo, tanto como para entregar mi vida a ese proyecto? Recuerdo: “para qué eres realmente bueno para que encima de hacer aquello que te gusta hacer, te paguen”. Claro, en la preparatoria nos hablaban de encontrar una profesión u oficio, pero Jesús, con su vida, nos enseñó a ir más allá de la gloria humana y el éxito profesional, Él, nuestro Señor Jesucristo, entregó su vida voluntariamente por el rescate de toda la humanidad (cf. Jn  10,17-18).

San Juan Pablo II, decía: “La vocación del cristiano es la santidad, en todo momento de la vida. En la primavera de la juventud, en la plenitud del verano, de la edad madura, y después también en el otoño y el invierno de la vejez, y por último, en la hora de la muerte”.

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