Lunes, 25 Junio 2018 00:00

Ya descubriste tu Misión en la Vida

Escrito por  Sofía l. Godínez, Diócesis de Texcoco
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Dios llama a quien quiere y como quiere según su designio de amor para cada uno, nos referimos a esta llamada con el término vocación. Esta se va formando con el transcurso del tiempo en respuesta a preguntas como ¿realmente qué me gusta?, ¿quién soy?, ¿a dónde quiero llegar? Usualmente desde la niñez ya se siente esa atracción e interés, aunque en algunas ocasiones el llamado se presenta más formalmente en la edad adulta.

El fundamento de toda vocación cristiana son los sacramentos de iniciación: el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. La llamada del Señor a seguirlo es muy particular en cada persona, con misiones y formas de vida muy particulares. Tradicionalmente, en la Iglesia se han distinguido tres vocaciones específicas: laicos, vida religiosa y el ministerio ordenado, a través de las cuales puede realizar su vocación personal cada creyente, inclinandose por el matrimonio, el sacerdocio, la vida consagrada o la soltería comprometida.

Todos estamos llamados, por nuestra misión en el mundo, a seguir una de estas tres vocaciones; todas hablan de una igual dignidad entre ellas, del seguimiento del Señor y se complementan mutuamente.

Las vocaciones pueden enriquecerse con la vivencia de los distintos carismas, participando en su espiritualidad y misión:

  • Dentro de la vocación laical, la vocación al matrimonio radica, precisamente, en que los esposos se amen de tal manera que ejemplifiquen y testimonien lo que significa el amor de Dios a su pueblo y el amor de Cristo a la Iglesia.

  • El laico puede optar por un estado de vida célibe también, renunciando al matrimonio llevando su vida de soltero en íntima relación con lo que le pide su carácter de bautizado y deberá dar testimonio con su vida de su fe en Cristo.

  • Los sacerdotes están llamados a ser signo en medio de la Iglesia de Cristo, cabeza que anima y dirige a la comunidad en el amor. Lo fundamental del ministerio ordenado es el trabajo y la responsabilidad de la construcción de la comunidad eclesial.

  • Los religiosos significan la presencia de Cristo pobre, casto y obediente que sigue hoy entregado a los más pobres, es decir, el mismo modo de vida de Jesús.

En toda vocación cristiana existe siempre una cordial llamada de Dios, con plena libertad del hombre, esta llamada aparece como una forma peculiar de amor: Dios llama, porque Él quiere que cada uno de nosotros participe con Él de manera particular en su plan de salvación, plan de salvación que es para mí, para ti y para todas las personas. Sea cual fuere nuestra vocación: como casados, como religiosos, como sacerdotes o como laicos solteros, todos tenemos una función en el plan de Dios, por eso es importante discernir responsablemente a qué nos está llamando Dios.

¿Podría Dios estarte llamando a ti a una entrega tan especial como es el Sacerdocio o la Vida Religiosa? ¿Qué le contestarías a Dios si te llamara a una entrega así?  Dios llama siempre y sigue llamando hoy.  ¿Será que no oímos el llamado de Dios porque el ruido de nuestra vida nos tiene aturdidos?  ¿O será que no le estamos respondiendo con un sí generoso y valiente

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