Martes, 17 Octubre 2017 00:00

María, Madre de los sacerdotes

Escrito por  Jesus Eduardo Peréz Morales, Seminatista Diócesis de Valle de Chalco
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Queridos lectores, nos encontramos en el mes de mayo el cual esta dedicado a Santa María, Madre de nuestro Señor Jesucristo, madre nuestra y de manera muy especial de los sacerdotes. Por eso deseo hablar de la unión entre María y la vocación sacerdotal, ya que es algo que está profundamente unido en el misterio de la encarnación.

Dios al decidir hacerse hombre en su hijo, necesitaba el “si” libre de una creatura suya. Y sucede algo realmente extraordinario, Dios no actúa contra nuestra libertad, es por eso que Dios se hace dependiente de la libertad, del “si” de cada uno de nosotros.

El “si” de María es, por consiguiente, la puerta por la que Dios pudo entrar al mundo, es decir hacerse hombre. Así María esta real y profundamente involucrada en el misterio de la Encarnación y de nuestra salvación, de modo que al hacerse hombre nuestro Señor Jesucristo su misión estaba orientada al don de sí mismo, a entregarse con mucho amor en la cruz a fin de convertirse en pan para la vida del mundo. De este modo su sacrificio, el sacerdocio y su encarnación van unidos, teniendo a María en el centro de este misterio.

En la cruz, Jesús, antes de morir, ve a su Madre y ve al discípulo amado; este hijo ciertamente es una persona muy importante, pero más que eso, es un ejemplo, una prefiguración de todos los discípulos amados, de todas las personas llamadas por el Señor a ser “Discípulos amados”, y de manera especial también de los que han sido llamados al sacerdocio.

Jesús dice a María: “Madre, ahí tienes a tu hijo” (Jn 19, 26), es una especie de testamento ya que encomienda a su Madre al cuidado, del discípulo. Pero también dice al discípulo: “Ahí tienes a tu madre” (Jn 19, 27). El Evangelio nos dice que desde ese momento San Juan, acogió a la madre María en su casa. Pero el verdadero significado es más profundo. Podríamos decir, acogió a María en lo más íntimo de su vida, en la profundidad de su ser.

Acoger a María significa introducirla en el dinamismo de toda la existencia, no es algo exterior, y en todo lo que constituye el horizonte de la vocación sacerdotal, me parece comprensible, que la peculiar relación de maternidad que existe entre María y los llamados al sacramento sacerdotal es la fuente primaria, el motivo fundamental de la predilección que alberga por cada uno de ellos. Por ello, son dos las razones de la predilección que María siente por ellos: porque se preparan para ser como Jesús, amor supremo de su corazón, y porque los llamados, como ella, están comprometidos en la misión de proclamar, testimoniar y dar a Cristo al mundo.

Finalmente los llamados a la vocación sacerdotal por su identificación a Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María, deben sentirse verdaderamente hijos predilectos de esta humildísima Madre. Oremos para que María haga a todos los llamados a la vida sacerdotal, otros Cristos aquí en la tierra.

¡María, Madre de los sacerdotes, ruega por nosotros!

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