Jueves, 31 Agosto 2017 00:00

Mi vocación de madre me santifica

Escrito por  Teresa Pastén, Diócesis de Izcalli
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Hola, soy Teresa Pastén y desde hace 20 años, madre de familia. Dios me regaló la gracia de ser mamá de dos hermosos hijos, y desde entonces mi vida cambió completamente. Mi vocación no nació el día que me casé con mi esposo, ese día se concreto, pero pienso que mi vocación al matrimonio y mi misión de ser madre surgió desde mucho antes; yo me hice consciente de que ese era mi camino cuando de pequeña atendía a todos mis hermanos, pues mi madre que fue viuda pronto me confió el cuidado de mis siete hermanos.

Yo era la mayor de todos ellos, y además de mis obligaciones como estudiante, me afanaba en los quehaceres de la casa, y también, porque así lo requería la situación familiar, hacia de niñera de todos mis hermanos; obviamente, durante el tiempo de exámenes en la escuela, cumplir con todo, era sumamente difícil, pero veía el gran esfuerzo que hacía mi madre para proveernos de lo necesario que no tenía más que ayudar. Desde entonces supe que mi vocación no era otra que la de la familia, y eso me llenaba de ilusión porque pensaba que cuando tuviera a mi propia familia, a mis propios hijos, me gustaría tratarlos de la misma manera en que yo traté y ayudé a mis hermanos. Pero no me desesperaba, y tampoco me casé para huir de las responsabilidades en casa, me casé cuando sólo el menor de mis hermanos terminó de estudiar, y cuando todos, de alguna manera pudimos ayudar económicamente a mi mamá, entonces ella ya no trabajó, sino que se dejó consentir como muchas veces nosotros lo hicimos mientras fuimos pequeños.

A Pepe, mi marido, lo conocí en una situación similar a la mía, cuando yendo a la escuela de mi hermano menor, el llevaba a uno de sus hermanos; varias veces nos vimos pero no nos hablábamos, hasta que un buen día, él se atrevió a romper la distancia y se acercó a mí, desde ese momento comenzamos a ser amigos y con el tiempo novios, y a los siete años de noviazgo nos casamos; para entonces quisimos darnos la oportunidad de vivir nuestro matrimonio sin hijos, pues los dos veníamos de una familia en donde habíamos hecho las veces de hermanos tutores, así que, después de cinco años de casados vino nuestro primer hijo y dos años más tarde nuestra hija.

He disfrutado tanto ser esposa y madre que si tuviera la oportunidad de volver a nacer, elegiría nuevamente esta vida, pues sé que Dios nunca me ha dejado sola, que desde que cuidaba de mis hermanos y hasta ahora, Dios ha caminado siempre conmigo, por eso a él, al Todo poderoso, infinitas gracias.

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