Jueves, 07 Diciembre 2017 00:00

¡Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío!

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En días recientes hemos celebrado una de las solemnidades del Tiempo Ordinario más importantes: El Sagrado Corazón de Jesús. Una fiesta que en la piedad de la Iglesia ha tenido varios devotos desde los siglos XII y XII entre estos devotos encontramos algunos santos como san Bernardo, San Buenaventura, Santa Gertrudis de Magdeburgo, Santa Catalina de Siena y que comenzó teniendo una devoción al corazón de cristo Crucificado, traspasado por la lanza.

                Para finales del siglo XIII, esta devoción se desarrolla de manera distinta a la de la pasión, y al símbolo del crucificado se le añade la iconografía del corazón destacado de la imagen de Cristo o bien visible en el pecho abierto.

                En 1672, san Juan Eudes, fundador de la Congregación de Jesús y María (hoy de los Padres Eudistas), es el primero en celebrar en el seno de su comunidad y con permiso del obispo de Rennes, una festividad en honor del Corazón de Jesús. Las apariciones de Paray-le-Monial entre 1673 y 1675 a santa Margarita María Alacoque dieron un nuevo impulso al culto del Sagrado Corazón de Jesús.

                El primer reconocimiento oficial que se le da a esta Devoción en la liturgia se debe a Celemente XII, quien en 1763 concedió la festividad del Corazón de Jesús a los obispos polacos y a la archicofraternidad romana del Sagrado Corazón. Pío IX, en 1586, la incluyó en el calendario de la Iglesia Latina, fijándola en el tercer viernes después de Pentecostés. León XII, mediante el decreto del 28 de junio de 1889, eleva la fiesta a rito de “primera clase” y en la encíclica Annum sacrum del 25 de mayo de 1899, ordenó la consagración del género humano al Sagrado Corazón de Jesús.

                Pero, ¿qué se celebra en realidad?, Decir que celebramos al Sagrado Corazón de Jesús no es referirse al celebrar el órgano biológico, por decir lo de esa manera. Hasta cierto punto ha existido cierta ambigüedad al respecto, pero el Directorio para la Piedad Popular y la Liturgia nos dan una síntesis doctrinal válida sobre el Corazón de Cristo de esta manera:

                “Entendida a la luz de la Sagrada Escritura, la expresión ‘Corazón de Cristo’ designa el misterio mismo de Cristo, la totalidad de su ser, su persona considerada en el núcleo más íntimo y esencial: Hijo de Dios, sabiduría increada, caridad infinita, principio de salvación y de santificación para toda la humanidad. El ‘Corazón de Cristo’ es Cristo, Verbo encarnado y salvador, intrínsecamente ofrecido, en el Espíritu, con amor infinito divino-humano hacia el Padre y hacia los hombres sus hermanos (DPPL 166)”.

 

                En el leccionario encontramos nueve textos bíblicos que nos hablan de esta realidad, distribuidos en los tres años A, B y C. En el año A (Dt 7, 6-11; 1 Jn 4, 7-16 y Mt 11. 25-30). En el fragmento evangélico, Jesús se dirige al Padre, lo bendice por haberlo enviado a revelar “a la gente sencilla” lo que sólo el Hijo puede conocer. Dirigiéndose a los hombres, él los invita urgentemente a buscar en él “la restauración”. El amor de Dios se manifiesta en la decisión y la redención de Israel. Esto se reveló principalmente en el hecho de que “el Amor que Dios nos tiene, se ha manifestado en que mandó a su Hijo unigénito para que vivamos por él. Dios es amor y quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él”.

                En el año B (Os 11, 1-4. 8c-9; Ef 3, 8-12. 14-19 y Jn 19, 31-37). El tema predominante de estas lecturas es el amor que revelado y dado en Cristo Jesús. El pasaje evangélico menciona cómo fue abierto el costado del Redentor por la lanza del soldado. En la primera lectura, Oseas recurre a imágenes y expresiones de un realismo y audacia extraordinarios: Dios es un padre, una madre, cuyo corazón se conmueve y agita de compasión por nosotros. La segunda lectura exalta “la riqueza inimaginable de Cristo” y su amor que “supera todo conocimiento”.

En el año C (Ex 34, 11-16; Rom 5, 5b-11 y Lc 15, 3-7). Pasaje evangélico describe el amor del Señor bajo la imagen del buen pastor, que busca y lleva al redil a la oveja perdida. Con esta imagen, Cristo lleva a cumplimiento la bellísima profecía de Ezequiel, en la primera lectura. Asimismo, la segunda lectura es un canto de alabanza al amor misericordioso de Dios que él demostró sobre todo porque, “Cristo murió por nosotros, cuando todavía éramos pecadores”.

                En cuanto a las formas de devoción, que han sido aprobadas por la Sede Apostólica y ha recomendado tenemos:

  • La consagración al Corazón de Jesús.

  • El acto de reparación.

  • Las letanías del Corazón de Jesús.

  • La práctica de los nueve viernes primeros de mes.

Para evitar equivocaciones teológicas y distorsiones espirituales, es oportuno relacionar la reparación con la visión bíblica del amor: la Iglesia y el creyente, con su respuesta de amor al amor de Cristo Redentor, se incluye activamente en la reconducción del mundo pecador al Padre que Jesús inició.

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