Lunes, 17 Octubre 2016 00:00

Cómo hacer pastoral en bicicleta

Escrito por  Pbro. Víctor Hernández - Diócesis de Nezahualcóyotl
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Eran muchos los signos que nos decían cómo hacer pastoral en la creatividad que surgieron en las emergencias de nuestras comunidades parroquiales. La teoría pastoral pedía preguntarse qué es lo que queremos hacer, cuál es el objetivo a alcanzar a largo, mediano y corto plazo. La lectura gozosa en tiempos del Maestro Zaid decía que al tomar un libro hay que preguntarse “qué se lee y por qué se lee”, qué interés nos mueve. De ahí nuestra pretensión del título parafraseando el libro de Gabriel Zaid: “Cómo leer en bicicleta” para sugerir “Cómo hacer pastoral en Bicicleta”.

Cuando era niño, la vida me regaló observar largamente a los que aprendían a andar en bicicleta; verles cómo caían y lo intentaban una y otra vez; había quienes usaban ruedas pequeñas auxiliares a los lados, otros mostraban sus huellas de batallas perdidas con costras duras y raspones espléndidos; era distinta la vestimenta y los modos “propios” de chicos y chicas; ver las caídas de las niñas “bien” que en aquellos tiempos se atrevían hacerlo con vestido hacía que mis ojos crecieran mucho de niño/adolescente.

Había los que intentaban aprender solos y los que disfrutaban la compañía de una persona mayor que con más o menos paciencia los apoyaban. Quiero aclarar que observaba por qué, por un lado no tenía bicicleta propia (siempre se la robaba por algunas horas a mi hermana que llegó a tener dos –fuera el trauma- y yo ninguna) y por el otro mi inseguridad me acompañaba cruelmente. Aprendí en pocos días que los que no lograban avanzar más de un metro era porque veían los centímetros inmediatos a la rueda delantera de su bicicleta. La lección era contundente: “El Reino de los bicicleteros no es de los inmediatistas”. Para aprender a hacer Pastoral y andar en bicicleta hay que mirar a lo lejos, allá dónde “nunca llegaremos” para superar cada metro, cada espacio inmediato, cada realidad que a veces nos paraliza.

Se trata no sólo de plantear objetivos a corto plaza sino, “prácticamente dejar de ver lo que nos trae como emergencias inmediatas”. Nos mueve el ideal, el horizonte amplio y generoso. Mirar lo inmediato nos paraliza hasta hacernos caer y sentirnos fracasados. Al mirar el ideal y sentir la fuerza de pedalear con todas nuestras energías nos alimenta espiritualmente. Y por otra parte hay que confiar con amor en Aquel “el que siempre es Bueno” y nos sostiene. Alguien sostiene nuestros intentos y nos lleva en vilo algunas veces; otras veces nos sonríe cuando ya logramos avanzar… y sentimos nuestra vocación exterior que nos grita: ¡Mira adelante, levanta la vista! Y al mismo tiempo esa voz interior que nos dice: ¡Tú puedes! Es bello hacer pastoral en bicicleta.


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