Domingo, 18 Septiembre 2016 00:00

Nuestra peregrinación, una ocasión de encuentro

Escrito por  CODIPACS Izcalli
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El pasado 25 de agosto, los fieles laicos, el presbiterio y el obispo de la Diócesis de Izcalli, peregrinamos hacia la casa del Tepeyac, donde ya nos esperaba, ella, nuestra madre, la Virgen María, atenta y presurosa para llevarnos hacia su Hijo. Algunos salimos a pie desde un día antes, otros salieron a pie el mismo día jueves desde la ex-glorieta de Peralvillo, y algunos más nos encontraron en la misma Basílica de Guadalupe. Para todos, la ocasión fue una oportunidad de encuentro con Cristo en la Eucaristía, con María, la Virgen Madre de Dios, con muchos presbíteros que conocemos pero no veíamos desde hacía tiempo, y también, con muchos hermanos en la fe que provenientes de las diversas comunidades parroquiales de nuestra diócesis, nos dimos cita para agradecer a Dios, a la Virgen los dos años que cumplimos como Diócesis de Izcalli.

Durante la peregrinación se pudo experimentar un ambiente de fiesta, entre cantos y alabanzas, porras y vivas a Dios y a nuestra Madre del cielo; además, provocaba una sensación de mucha alegría ver entre las filas de la peregrinación a niños y adolescentes que acompañados por sus padres o abuelos, caminaban con la misma alegría y entereza que un adulto; no faltaron los adultos que siempre le dan a las cosas sagradas un ambiente lúdico y misterioso, haciendo que la piedad se convierta en algo sacro, misterioso y serio.

Además del ambiente, este año pudimos constatar una mayor organización de parte de la misma comunidad diocesana, pues en medio de ligeras inclemencias del tiempo, el frío y lo que implica una peregrinación, todos pudimos estar a gusto y tranquilos, pues, la seguridad y la protección fue algo que no dejaron escapar.

Durante la homilía, nuestro señor Obispo, Francisco González Ramos, dijo que, estábamos ahí como una manera de "mostrar nuestro amor y nuestro agradecimiento a la Virgen María", y que también, caminábamos hacia el Tepeyac a "implorar la gracia y la bendición de Dios por medio de su santísima Madre", pues una comunidad que peregrina por el mundo, siempre necesitará de los auxilios divinos para llegar a Dios.

Después de la Celebración Eucarística, y luego de los saludos que se originan en el atrio de la Basílica, muchos de los asistentes aprovechan para salir de paseo a Xochimilco, a Chapultepec o simplemente a convivir en algún otro centro recreativo. La peregrinación diocesana, en este sentido, se ha convertido en una oportunidad para renovar nuestra fe, encontrarnos con Cristo, pedir la intercesión de nuestra Madre, saludar a nuestro obispo y a nuestros sacerdotes, y también la oportunidad para convivir con nuestros hermanos en la fe; en todos estos momentos nos sentimos acompañados de María y de su Hijo Jesucristo, por eso les damos gracias y les pedimos que nos sigan dando ocasiones como estas para crecer en la fe.

Visto 585 veces Modificado por última vez en Domingo, 18 Septiembre 2016 22:46

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