Domingo, 18 Septiembre 2016 00:00

Las comunidades se construyen en la persona de Cristo, no del párroco

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El caminar espiritual de la Arquidiócesis de Tlalnepantla en sus comunidades parroquiales, ha vivido en las últimas semanas un momento de bendición, un momento de cambio, que implica desafíos y retos para los sacerdotes encargados de parroquias y también para las comunidades. Si tú eres un fiel Hijo de Cristo que ha colaborado de cerca en la labor de tu parroquia te sentirás identificado con mi sentir, pues seguro alguna vez has pasado por la difícil, y a la vez bendecida experiencia de un cambio de párroco.

Ha llegado el momento de continuar la misión de Jesús Buen Pastor en otra parroquia. Y este cambio implica dos grandes actitudes; por un lado, la aceptación de que hay que dejar una comunidad con todo lo que implica, conscientes de que la viña del Señor es la Iglesia, y nosotros los presbíteros solo los trabajadores al servicio del pueblo santo de Dios; y segundo, ver en este cambio la gran oportunidad que tenemos de seguir construyendo el Reino de Dios en un lugar diferente, con personas diferentes, situaciones diferentes; pero que es el mismo Pueblo de Dios.

Un cambio de parroquia siempre es benéfico para el párroco y la comunidad, aunque cuando se nos comunica o pide el mismo servicio en otra comunidad, nos sacude. ¿Por qué? Cada uno debe analizar su propia realidad, ¿cuáles son las cosas, las personas o comodidades que me impiden responder a esa nueva experiencia que Dios me ofrece y dejar que las cosas fluyan por sí solas?

Estar preparados es muy importante, el lugar es lo de menos, lo que importa es la disposición que se tiene para continuar la misión de Jesús. Los obstáculos nos los ponemos nosotros, por miedo, por comodidad, por falso amor a la comunidad, pues si de verdad amamos a nuestros fieles tenemos que darles la oportunidad de crecer con otro nuevo párroco, los que dejamos la comunidad somos los seres humanos, el verdadero pastor, JESÚS, se queda. Qué responsabilidad tan grande tenemos los párrocos: CONSTRUIR UNA CO-MUNIDAD EN LA PERSONA DE JESÚS, no alrededor de mi persona.

Hay una frase que dice: DIOS TARDA, PERO NUNCA FALLA… pero con el tiempo he aprendido que Dios no tarda, ni falla, sus tiempos son perfectos y su plan es ¡maravilloso! Puedo compartirles que duele dejar una comunidad, la casa, los amigos, los logros y las costumbres, pero cuando uno piensa que el párroco que llega merece eso y más, entonces entiende la frase “AMAR DUELE”, y con la alegría de encontrar una nueva comunidad deja uno sus miedos y se pone en manos de Dios que siempre está a nuestro lado.

CRISTO VIVE Y ESTÁ EN MEDIO DE NOSOTROS.

Ánimo JESÚS, confía en ti, ahora tú confía en Él. Los desafíos pueden ser muy grandes, pero DIOS es más grande.


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