Domingo, 17 Julio 2016 00:00

468 años de la muerte de san Juan Diego

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El 14 de junio del presente año, la Diócesis de Cuautitlán, celebró con enorme alegría los 468 años del tránsito de San Juan Diego Cuauhtlatoatzin.

Dicho acontecimiento, lo vivimos y celebramos con la santa Misa que presidió el Excmo. Señor Obispo, Don Guillermo Ortiz Mondragón, en el Santuario de la V aparición de la Santísima Virgen de Guadalupe y Casa de San Juan Diego Cuauhtlatoatzin, en el Barrio de Tlayacac en Cuautitlán, México, mejor conocido como El Cerrito, en Cuautitlán. Teniendo muy presente la enseñanza que nos dejó su Santidad el Papa Francisco, en su visita a México, cuando decía que, "el acontecimiento guadalupano no hay que verlo sólo como una parte de la religiosidad popular, sino como la acción fundante de la fe en estas tierras".

Durante la celebración, se pudo constatar el amor que siempre le ha tenido el pueblo de Dios al Santuario de la V aparición de la Virgen de Guadalupe en Cuautitlán México, pues el pueblo de Dios se desbordó en fervoroso entusiasmo cristiano, con la peregrinación que partió de la Catedral de San Buenaventura hacia El Cerrito. Después de la celebración eucarística, se llevó a cabo una verbena popular en el atrio del Santuario, donde vivimos este acontecimiento con gran gozo.

En la homilía, el Obispo dijo: “Aquí no tenemos el ayate donde está estampada la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, pero si tenemos los signos que acompañan dicho milagro: ¿Cuáles son estos signos? La casita de los videntes, San Juan Diego y su tío Juan Bernardino, la ermita de adobe del siglo XVI, lugar donde la Santísima Virgen reveló su nombre de Guadalupe y por su mediación fue sanado Juan Bernardino, la ofrenda prehispánica con la que agradecieron los paisanos de San Juan Diego y Juan Bernardino, a Nuestra Señora de Guadalupe su intercesión en favor del agonizante Juan Bernardino el 12 de diciembre de 1531, el camino prehispánico que recorrió, San Juan Diego a Tlatelolco pasando por el Tepeyac, lo mismo que numerosas piezas arqueológicas, certificadas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) que pertenecieron a los videntes, y bastos documentos que constan que los videntes San Juan Diego y su tío Juan Bernardino en 1532 vivían en Cuautitlán, México".

De todo esto la Diócesis de Cuautitlán da gracias a Dios, por bendecirnos con tan grandioso acontecimiento.

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