Jueves, 09 Junio 2016 00:00

Para mí fue Pentecostés

Escrito por  CODIPACS Izcalli
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Como anunciamos en la edición anterior, el fin de semana del 14 y 15 de mayo, tuvimos en la diócesis de Izcalli la velada de Pentecostés. Nos reunimos en dos lugares para celebrarla: en la Rectoría de Nuestra Señora de Guadalupe, en la Libertad, municipio de Nicolás Romero, y en la Rectoría de Nuestra Señora del Refugio, en Capula, municipio de Tepotzotlán. En ambas se siguió el mismo horario y dinámica, y ambas tuvieron el toque juvenil, aunque fueron bienvenidas personas de todas las edades que quisieron participar de este momento de oración, meditación y alabanza a Dios.

Todo comenzó poco antes de las 9 de la noche con la recepción de los jóvenes y las personas que asistieron al evento. El inicio estuvo animado por cantos muy alegres que nos invitaban a dejar de lado la rutina de la escuela y el trabajo que tuvimos entre semana, no faltó la oración que dirigieron los jóvenes de manera sorprendente, porque, eran los primeros minutos y con la oración ya todos, o casi todos nos sentíamos muy movidos por Dios. Siguieron una serie de dinámicas de integración y conocimiento sobre la tercera persona de la Santísima Trinidad y después una pequeña representación teatral, enseguida comenzó la Hora Santa que, sin duda fue el momento más emotivo y “llegador” de la noche. Fue una Hora Santa distinta, quizá por el silencio de la noche, el clima tan apacible, los cantos o la disposición que teníamos, yo quiero pensar que Dios estaba actuando en nosotros. Después de la Hora Santa vino una rica cena preparada por los mismos jóvenes, y posteriormente continuamos con los trabajos.

Cuando me propuse asistir a la velada de oración, imaginaba que no aguantaría, que me quedaría dormido, pero cuando terminó la cena eran casi las 2 de la mañana del domingo, y yo me sentía tan feliz y motivado que me había olvidado del sueño. Algo que me gustó mucho fueron los compromisos que hicimos con Dios y con nuestra propia vida, me gustó mucho porque ordinariamente, cuando vamos a este tipo de eventos, muchas cosas redundan en el sentimentalismo, y en esta velada no fue así, los organizadores nos llevaron de la mano poco a poco, hasta que nos hicieron caer en la cuenta, de que necesitábamos dar un paso más que solo el hecho de haber asistido, debíamos permitir que el Espíritu Santo siguiera moviendo nuestra vida, nuestra mente, nuestro corazón, no sólo por nuestro bien, también por el bien de la Iglesia y por el bien del mundo que se transforma con nuestros actos y actitudes.

Todo terminó con la misa solemne de las 8 de la mañana y un rico desayuno. Sin duda el próximo año asistiré, y también, sin dudarlo, a todos los invito a ser parte de estas veladas de oración que seguramente se realizan en todas las diócesis.

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