Domingo, 24 Enero 2016 00:00

“Doy gracias a Cristo Jesús, Señor nuestro, quien me fortaleció, se fío de mí y me tomó a su servicio…”

Escrito por  Pbro. Carlos Eduardo Ibáñez Escobedo - Diócesis Valle de Chalco
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Queridos hermanos, comparto con ustedes el gran don que el Padre de Misericordia ha concedido en este hijo suyo; el pasado 06 de enero de 2016 en la Santa Iglesia Catedral de San Juan Diego, Valle de Chalco; junto con otros hermanos recibimos la ordenación del Presbiterado: una gracia que no se puede explicar con facilidad, bien sabemos que Dios no deja de proveer de pastores a su pueblo - y yo soy uno de ellos –, sin embargo, sacerdotes hay muchos, pero buenos y santos no tantos; en medio de la sociedad y cultura light que actualmente vivimos, estamos llamados a seguir el modelo de Jesús, Maestro y Pastor siendo luz entre las tinieblas, que alumbren a tantas almas que viven sin esperanza ni fe, atadas al pecado y en búsqueda de la felicidad, a aquellas que están heridas y necesitan ser curadas, abrazadas por la misericordia del Padre – y para ello recibimos tal don, no para sí -.

Muy seguramente se preguntarán, y ahora ¿qué sigue?, ¡Claro, la misma pregunta me la hago yo! Un sacerdote recién ordenado con entusiasmo, alegría y muchas ganas de trabajar, cree que puede todo y cambiar el mundo, pero, la verdad es que no, no basta solo con las ganas y entusiasmo; para hacer la mínima parte en el anuncio del Reino de Dios es necesario estar apasionado y creerte de verdad ¡SACERDOTE!, de lo contrario solo es llamarada de petate, y lo que he se me ha concedido no es un juego, ni el llegar a la meta después de años de estudio, ni mucho menos un triunfo o una profesión, es llevar en mis manos el mismo cielo y darlo, encarnarlo en el mundo, tarea no fácil si confió en mis débiles fuerzas, pero tomado de la mano de Jesús y María seré de verdad otro Cristo en medio del mundo, así comparto aquellas palabras del Padre Pablo: “nunca pierdas el sentido de tu sacerdocio, vive el sacrificio del altar como el primero y último, apasiónate, nunca te adormiles, entrega tu vida por el Señor.”

Hoy estoy seguro que Jesús me llamó, lo escuché, medité sus palabras –ven y sígueme-, las hice mías y respondí, -aquí estoy Señor… Sí quiero, con la gracia de Dios -. Amados lectores no hay duda que Dios nos capacita para ser sus instrumentos, no hay que resistir, Él no pide mucho, nosotros lo hacemos brumoso y pesado, solo es ofrecer nuestra vida a aquel que da la vida y como prenda nos dio a su hijo para nuestra redención; estoy agradecido con mi familia, quien es clave en el camino vocacional, a los sacerdotes que me acompañaron y acompañan, a todos mis amigos y fieles, no hay como pagar. A quienes sienten el llamado al sacerdocio, no tengan miedo, escuchen, mediten y respondan.

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