Jueves, 07 Enero 2016 00:00

Misericordia de Dios y con nuestros hermanos

Escrito por  CODIPACS Diócesis Valle de Chalco
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En el marco de los cincuenta años del Concilio Vaticano II, el Papa Francisco ha tenido a bien proclamar el Jubileo Extraordinario de la Misericordia.

El Papa quiere que la celebración de este Año Santo sea un auténtico momento de encuentro con la misericordia de Dios para todos los creyentes, una experiencia viva de la cercanía del Padre para que se fortalezca la fe de cada creyente y, así, nuestro testimonio como discípulos misioneros de Cristo sea cada vez más eficaz.

La Puerta Santa es el símbolo del paso que todo cristiano debe hacer del pecado a la gracia, pensando en Jesús que dice: “Yo soy la puerta” (Jn 10,7).

El próximo 8 de diciembre, cuando Francisco abra la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro en Roma dando comienzo oficial al Jubileo, lo mismo ocurrirá con las otras seis puertas Santas que se encuentran en el mundo.(cf. Yilber Vega, CNN Español)

En cada Vicaria Episcopal de la Diócesis de Valle de Chalco y en el Santuario del Señor de la Misericordia se establecerá una Puerta Santa o Puerta de la Misericordia hacia la cual, podremos peregrinar como signo de una sincera conversión, con el firme propósito de renunciar a todo pecado y pasar de la muerte a la vida en Cristo resucitado.

El día 13 de diciembre a las 8:00 a. m. en la Catedral de San Juan Diego, a las 12:00 p.m., en el Santuario del Señor de la Misericordia. El 14 de diciembre a las 12:00 p.m. en la Parroquia de Ntra. Señora de la Asunción y la última a las 5:00 p. m. en la Parroquia de Santiago Apóstol.

Se ofrecerá en las parroquias una adecuada catequesis, reflexiones, retiros espirituales, misiones y celebraciones penitenciales acompañadas del Sacramento de la Reconciliación.

A dos años de la Proclamación de nuestro Plan Diocesano de Pastoral es necesario que pongamos atención al mensaje que Dios nos hace llegar a través de la Bula “Misericordiae Vultus” del Papa Francisco.

Será un gran año, un jubileo que puede hacer mucho bien en el mundo de hoy pues Dios responde con la plenitud del perdón. La misericordia siempre será más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner un límite al amor de Dios que perdona.

La misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo.

Vale decir que se trata realmente de un amor “visceral”. Proviene desde lo más íntimo como un sentimiento profundo, natural, hecho de ternura y compasión, de indulgencia y de perdón.

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