Sábado, 16 Mayo 2015 00:00

Pascua, tiempo de júbilo

Escrito por  Fabiola Perdomo
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El tiempo pascual comprende cincuenta días (en griego “pentecostés”) vividos y celebrados como un solo día: “los cincuenta días que median entre el Domingo de la Resurrección hasta el Domingo de Pentecostés se han de celebrar con alegría y júbilo, como si se tratara de un solo y único día festivo, como un gran Domingo” pero, ¿cómo lo vivimos? ¿Con qué entusiasmo lo manifestamos? ¿A qué es lo que nos invita este preciado tiempo?

 

Todas estas preguntas tienen una respuesta, que como cristianos es preciso tomar conciencia: La Pascua la tenemos que vivir fijándonos en Cristo Resucitado. Si Cristo ha resucitado, también nosotros como nos lo dice San Pablo, hemos de resucitar a una vida nueva, la resurrección de Cristo es la que da fuerza a la acción de la Iglesia. Creemos y predicamos una persona viva y continuamente presente en la comunidad de la Iglesia. Él es quien da fuerza a todos los cristianos en su acción apostólica. También, la resurrección de Cristo nos da una gran alegría y una firme esperanza, ya que nos abre la puerta de la inmortalidad. Si somos cristianos de verdad, tenemos que seguir el camino de Cristo, por lo tanto, tenemos que amarnos más y perdonar, ser más solidarios con los necesitados, acercarnos a los que sufren, llevar esperanza y vivir esperanzados. Abrir nuevos caminos y nuevos horizontes. En definitiva, ser más auténticos y a la vez más confiados a la ayuda de Dios que ha prometido, y que por la ayuda del Espíritu Santo estará con nosotros cada día hasta el fin del mundo.

Son dos las actitudes a tomar en la Pascua: la primera es la alegría de sabernos libres de todo aquello que nos ata como el “pecado”, que nos lleva a la muerte; la segunda, es la misión de ser testigos y anunciar el Evangelio. Asumiendo que ya somos salvados por Cristo. Conmemoramos su pasión, muerte y celebramos jubilosos su resurrección, no como un hecho puramente memorial, sino que lo asumimos a tal grado que lo vivimos junto con Él, así transforma nuestra vida. La Resurrección de Jesús es una luz para los hombres y cada cristiano debe irradiar esa misma luz a todos los hombres haciéndolos partícipes de esta alegría por medio de gestos, palabras, del testimonio y trabajo apostólico. 

Visto 6661 veces Modificado por última vez en Martes, 09 Junio 2015 10:20
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