Lunes, 28 Septiembre 2015 00:00

Lectio Divina, Dios te habla hoy

Escrito por  Seminarista Ricardo Múgica
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¡Hola! Me da mucho gusto encontrarnos de nuevo aquí.

Hoy quiero comenzar haciéndote una pregunta, cuando oras ¿te ha pasado que sientes que Dios no te contesta, que ha enmudecido? ¿Sí? Pues fíate que a mí me acaba de pasar no hace mucho, y es que a veces contesta como Él quiere y pocas veces como lo esperamos, por eso es bueno que nos acerquemos a su palabra, pues siempre tiene algo nuevo qué decirnos.

Pero la Biblia tiene muchos libros, ¿por dónde podemos empezar? Podemos empezar por Jesús de Nazaret en el Evangelio de cada domingo, así que ve por tu misal o por tu hoja dominical y comencemos este camino llamado Lectio Divina, que es la reflexión que hasta hoy ha procurado la Iglesia. La Lectio Divina tiene cuatro pasos fundamentales: lectio (lectura), meditatio (meditación), oratio (oración) y contemplatio (contemplación). Vayamos una por una.

1. Lectio: este paso es la lectura del texto bíblico. Aquí es importante conocer qué dice el texto por sí mismo, y para ello es favorable identificar qué personajes aparecen, cuáles son sus actitudes y qué palabras utilizan. Léelo las veces que sean necesarias, siempre disfrutando de la lectura pausada y tranquila.

2. Meditatio: cuando identificamos qué dice el texto podemos dar el siguiente paso, para darnos cuenta de qué me dice el texto. Es el momento en el que lo que se dijo en ese tiempo se convierte en lo que Dios dice hoy, así dejamos que Él enjuicie nuestra vida. Para ello es conveniente que nos quedemos en una parte del texto, sólo una, aunque sea pequeña, puede ser una palabra, una actitud, o una frase que nos haya llamado la atención y ante la admiración surgen las preguntas ¿Qué me dice? ¿Qué me mueve? ¿A qué me invita?

3. Oratio: fíjate, en este momento ya sabemos qué dice el texto y qué me dice Dios, Él ya habló, ahora es nuestro turno pero ¿cómo? Ante lo que Dios nos pide es necesario que reconozcamos con humildad nuestra propia incapacidad para realizarlo, y al mismo tiempo, pidamos su ayuda e intervención en nuestra vida. Ahora está frente a ti, sé libre de decirle lo que quieras.

4. Contemplatio: frente al diálogo con Dios no queda otra cosa que el silencio, la admiración y la adoración; pues así está Él, viéndonos con amor y misericordia, esto basta para que acallar cualquier necesidad urgente ¡estamos en su presencia!

¿Qué
te parece? Es una maravilla que nuestro Padre sea tan cercano a nosotros ¿no crees? ¿Nos comprometemos a hacerlo? Quizá al principio sea complicado, pero dejemos que el Espíritu haga lo suyo en nosotros, además Jesús dijo: “Yo te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y prudentes y se las has dado a conocer a los sencillos” (Mt 11, 25).

¡Ánimo! Dios te espera con los brazos abiertos.

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